Hace frío en esta tarde nostálgica, cada día atardece más temprano y el invierno llama a la puerta de un rezagado mes de noviembre que enmudece y tristemente deja marchar al otoño. Sentada en el porche de esta vieja casa contemplo las montañas desde mi hamaca; el sol languidece allá en el horizonte trazando la línea divisoria que separa el firmamento de esta tierra infértil. Un revoloteo fugaz a mí alrededor me hace girar la cabeza, pero no distingo nada nuevo en el paisaje, aún así presiento algo que no acabo de definir mientras las hojas del viejo sauce se dejan mecer por el viento que empieza a arreciar fuerte y raudo. Pierdo la vista entre su hojarasca que siempre me gustó por ser perenne, porque siempre estuvo allí y nunca sus hojas abandonaron este rincón, convertido hoy en el jardín de mis recuerdos. Y al instante revoloteando aparece ella, majestuosa y azul, esa extraña clase de mariposa que tan raramente se deja ver; la observo mientras una punzada de nostalgia atraviesa mi corazón, y como si el tiempo retrocediese cincuenta años, recreo aquel momento y puedo ver esa misma mariposa posarse en tu mano blanca e inmaculada. Ahora revivo el instante en que vergonzosa me escondía tras las faldas de mi madre aquella tarde de primavera mientras tendíamos las blancas sábanas. Y puedo verte a ti tras la valla con la mariposa azul sobre el dorso de tu mano, quieta e inmóvil como hipnotizada por tu presencia. Sin mediar palabra la lanzas al aire dejándola libre para revolotear por nuestras cabezas; yo la sigo con mi mirada hasta que se convierte en un diminuto punto azul que se difumina y funde en este cielo inmenso que lo envuelve todo. Me giro y compruebo que has desaparecido engendrando en mí una extraña curiosidad, te busco alrededor desviando miradas furtivas, pero parece que tomaste el sendero y ya debiste haber tomado la curva del sauce que linda con mi casa. Nerviosa me adentro en el sendero, pues la curiosidad me corroe; y justo cuando llego hasta el sauce oigo detrás de mí, por primera vez tu voz, serena y dulce:

- ¿Me buscabas? –preguntas convincente-

- ¿Yo?, no que va, solo he venido a ver como estaba mi sauce preferido –tartamudeo mientras mis mejillas se sonrojan y el calor parece que va a hacer estallar mi piel.

- Ya, pues qué pena, porque tú y yo podríamos ser muy buenos amigos.

- ¿Cómo te llamas? –te pregunto aún sonrojada.

- Daniel………. Aquel nombre pareció envolver todo el espacio, Daniel, me repetía mentalmente mientras se me antojaba que sonaba maravilloso con una fuerza omnipresente.

- ¿De dónde has salido? –pregunté curiosa.

- Soy nuevo en la cuidad, forastero me llaman algunos.

- Me gusta tu nombre, yo te llamaré siempre Daniel.

Ni que decir tiene que casi me enamoré al instante, primeramente de tus ojos color miel, de tu blanca y franca sonrisa, de tus cabellos castaños, para acabar locamente enamorada del conjunto que le daba una especial armonía a tu ser.

Los días, las semanas y los meses pasaban veloces escurriéndose entre nuestros dedos, sin casi oportunidad de retenerlos salvo por los nítidos recuerdos que aún hoy, después de tanto tiempo siguen vivos en mi interior, como guardados en un cofre de oro con tu nombre grabado a fuego. Ahora puedo sentir aquel regalo que me hiciste en mi once aniversario cuando por fin me regalaste un beso tierno y dulce sobre mis labios, aún puedo notar el escalofrío que recorrió mi espina dorsal al instante, el dulce néctar que de tus labios bebí inocentemente sin saber que iba a ser un veneno mortal para el resto de mi vida, y que aún hoy, el paso de los años no ha conseguido borrar de mi paladar; sigo venerando tu sabor, tu aliento, tu saliva al fundirse con la mía, tus brazos estrechando mis caderas, tus manos ofreciéndome el bálsamo de tus caricias, tus dedos jugueteando a enlazarse con los míos, y todo esto siempre escondidos tras nuestro amado sauce, aquel que vio nacer nuestro amor inocente, aquel que fue testigo de todas nuestras locuras pasionales, aquel que aún hoy sigue recordándome tu presencia en este lugar bendito.


Ruth: 04/08/10
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Hace tiempo que dejé de pulular por los mundos de apolos y atheneas...........................................................
Hubo un tiempo en que ese mundo se abrió para mí; su gran portal blanco y luminoso me invitó inocentemente a atravesar el umbral y me dejé absorber por él, me dejé llevar infinitamente, dejé que toda esa fantasía me envolviera por completo hasta que mis pies se despegaron del suelo y volé.................... volé por ese mundo acercándome a sensaciones que jamás había sentido, descubriendo hasta qué punto podía llegar mi locura. En aquella efímera aventura aprendí que jamás uno llega a conocerse a sí mismo del todo o completamente, que siempre somos capaces de asombrarnos a nosotros mismos. Aquellas sensaciones de vértigo hicieron de mí un ser dependiente, completamente abandonado a merced de sueños y fantasías utópicas. Pero llegó el duro momento en que la cruda realidad golpea con fuerza, sentí ese puñetazo en la boca del estómago que hace que se te corte hasta la respiración, que seas incapaz de mantener la verticalidad de tu cuerpo, que acaba derrumbándose con el estoque final: ese puñal clavado en el órgano galopante que daba sentido a cada instante desde el momento en que decidí traspasar la frontera. Y entonces, en aquel mismo instante, todo aquel mundo desapareció dejando solo abismo envuelto en negrura, donde antes había cuadros abstractos destellantes de luces blancas y luminosas ahora sólo quedaba reflejo de sombras en mitad de tinieblas, donde en otro tiempo fugaz había sensaciones dulces e infantiles ahora solo quedaba dolor sumergido en un vago resentimiento, donde había inocencia sólo quedó culpabilidad, donde había una persona ahora había otra distinta, más intensa de lo que jamás había logrado ser, y a la vez, paradójicamente más dueña de sí misma y más libre.
Ahora ese mundo que dejó huellas imborrables y cicatrices medio sanadas, ha vuelto a ponerse ante mí, ha querido sin querer volver a atraparme, aunque más sensato sería decir que yo misma fui quien quiso asomarse de nuevo por una pequeña ventana mágica, pero ni que decir que ese mundo ya no es el mismo. No me perdono la flaqueza ni el error de poner adoquines sin cemento, y aunque no me arrepiento de nada tampoco me perdono nada, absolutamente nada. Aprendí las lecciones duras de la vida en la caída en picado, y aunque no sea el mejor método de aprendizaje debo reconocer que es el más efectivo............................................................


Ruth: 21/7/10
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Fue aquel instante en que tus ojos se abrieron quedando entornados para deslumbrarme ante la belleza de la perfección; la perfección más genuina, la más natural que jamás hayan visto mis ojos, aquella que emana de la propia vida virginal hecha carne y hueso, convertida ahora en esencia vital.

Fue aquel mágico momento en que tu respiración acompasada me mostraba el gran misterio que esconde la naturaleza humana, capaz de dar lo mejor de sí en determinados momentos, para formar, crear y dar vida.

Fue el paro del tiempo, el cual congelaste dejando el último grano del reloj de arena suspendido en el aire, para así poder disfrutar de ese instante que la vida me regalaba al rozar con mis dedos tu piel de melocotón.

Eres la luz que alumbra mi vida, la dulzura de mi cansado caminar, la ternura personificada, toda mi felicidad.


La bala salió del casquillo casi sin darme tiempo a reaccionar, a pensar, a actuar, en la escasa porción de segundo en que impactó sobre el pecho de aquel joven soldado Iraquí. Sus ojos marrones oscuros quedaron abiertos como platos sin manjar, implorantes y congelados. Lentamente me fui acercando tardando una eternidad en llegar hasta aquél cuerpo sin vida que yacía tendido en el suelo a escasos metros de mí. Había contemplado casi sin respiración como sus piernas flaqueaban doblándose a la altura de las rodillas y como caía a plomo boca arriba; aquella imagen rápida y fugaz se había quedado congelada en mi mente, y ahora se repetía una y otra vez como ritual incesante proyectado a cámara lenta. Le empujé con la punta de la bota para cerciorarme de que estaba muerto, que ya no quedaba ni un hilo de vida en su cuerpo, pues las instrucciones eran precisas: En caso de no herir de muerte al enemigo, había que ejecutarlo con lo que llamaban "tiro de gracia". Afortunadamente para mí, no tuve que empuñar nuevamente el fusil, mi puntería, escasamente probada no había fallado.


Me quedé mucho tiempo, aunque no supe discernir cuanto fue, contemplando la dantesca escena que se plasmaba ante mis ojos. Jamás había visto un muerto tan de cerca y mucho menos podía haber imaginado nunca ser su ejecutor. La mácula burdeos oscura empapaba ya todo su pecho formando una mancha de extraña textura al contacto con la fibra sintética; de su cabeza, reposada sobre aquella tierra, emanaba un pequeño hilo de sangre que se hacía camino a través de la vegetación silvestre y que amenazaba con llegar hasta mis pies, en una muestra inculpatoria del asesinato cometido. Por un momento sentí caer el peso de todo mi mundo a plomo sobre mí, pensé en esos padres que recibirían la carta que contenía la fatídica noticia de la muerte de su querido hijo, en el desgarro de esa madre al sentir que le arrancan de un plumazo un pedazo de su vida por siempre, algo que jamás volvería a recuperar, en el odio que se engendraría hacia mi persona y en las maldiciones que de su boca saldrían, todas tan justamente merecidas.


Me arrodillo junto a él, tratando de controlar las nauseas que el hedor a sangre me provocan; ante mis ojos fotograma a fotograma va sucediéndose toda la película de mi vida, de esta vida cansada y solitaria, casi sin ética ni moral, donde los escrúpulos fueron cayéndose a lo largo de este incierto caminar que me ha traído hasta aquí, hasta este momento y hasta este lugar. !Cuántos recuerdos se perdieron en el olvido! Cuántas bases y fundamentos fueron zarandeados, hasta convertirme en una especie de monstruo que solo lucha por sobrevivir víctima de sus propias circunstancias. Todo podría haber sido tan, tan diferente; no sé en qué parte del camino quedó aquel futuro prometedor que el Padre Arnetti avistaba para mí, aunque a decir verdad, nunca llegué a creérmelo y es quizás por eso por lo que acabé en el precipicio. Ciertamente he defraudado a muchos, pero lo peor es haberme defraudado a mí mismo.


Pasan los minutos lentamente en su frenética obsesión de componer horas, pero aquí parece que el tiempo no pase, que la agonía se eternice, que el mundo no gire; es como estar preso de un tiempo y de un espacio difícil de discernir, difícil de escapar.


Ahora tengo la necesidad de correr, y corro, corro concentrando todas mis energías en esa acción, la de correr, la de huir de la escena del crimen, tratando de dejar de sentirme como un asesino, en un inútil intento de escapar de esta realidad que me asfixia y que no es ni por asomo la planeada en aquel momento en que empuñaban el sello sobre la fotografía de mi pasaporte.


Exhausto me dejo caer sobre una roca erosionada de carácter latente abandonada a su suerte en este valle silvestre y asalvajado. Soy consciente que desde aquí soy un blanco fácil para el fuego enemigo, que en cualquier momento una bala puede atravesar mi cabeza. El coronel nunca aprobaría esta actitud idiota de ponerse como escudo y diana, pero sinceramente la vida para mí ya perdió casi todo su significado, y tan solo es esa foto que miro cada mañana la que me hace reunir las fuerzas y el coraje mínimos necesarios para seguir adelante en esta infame pesadilla. Observo alrededor, no se ve ni escucha ningún movimiento que haga poner en funcionamiento mi mecanismo interno de defensa; aún así no puedo dejar de estar alerta, en cualquier momento y sin ningún tipo de aviso puede surgir el ataque enemigo. Siento estar en una ruleta rusa con el revólver dando vueltas a la vez que se acciona el gatillo, quizá esta vez me salve, quizá la próxima sea la definitiva. Mientras tanto no dejo de absorber estos rayos de sol que me deslumbran, al igual que lo hicieron aquel día....




Ruth: 15/7/10
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No sabéis cómo me gusta poner este letrero jejeje. Nos vemos a la vuelta, con nuevas ideas y experimentos y con un revulsivo total.



Suenan las campanas con su tétrica marcha fúnebre en este día gris y húmedo. La llovizna quiso acompañarte en este último paseo por las calles de tu ciudad. Crees haber andado toda la noche pidiendo auxilio, crees haber haber escapado de tu peor pesadilla, crees que no estás muerto sólo porque no viste túnel ni luz alguna, ni nada que se asemejara a aquellas patrañas que te contaron aquellos que jamás vislumbraron el autentico rostro de la muerte. Sigues empapado de sangre y con esa mueca de pánico desdibujada, sigues con los ojos en blanco y con esa sobredosis de ansiedad que las circunstancias te inyectaron vena a vena, pero sigues ahí, observándolo todo, mirando con incredulidad cada paso de aquellos que con tristeza te acompañan. Oyes los gemidos desgarrados de tu madre, emitidos desde las entrañas, retorciendo el cordón umbilical de aquella que te dio la vida; puedes oírlos de manera tan brutal que se te clavan en la sien como cuchillos afilados golpeando cada uno de tus poros. Pululas muy atrás de la comitiva, como queriendo dejar espacio, como intentando desvincularte de ella, como si aquello no fuera contigo; siempre te gustaron los protagonismos y ahora huyes de la escena rezando a un dios que siempre ignoraste, rogándole que termine cuanto antes esta pesadilla real que tú mismo diseñaste.

Cuatro rosas negras sobre tu ataúd barnizado, cuatro lágrimas serenas se depositan en cada una de ellas mientras la suave llovizna enfurece derramando desde lo alto todo un torrente de suspiros amargos. Resbalan recorriendo todo el féretro las gotas, dejando tras de sí regueros que se hacen camino hasta calar tus huesos.

Una fuerza centrífuga parece absorberlo todo; das vueltas a velocidad de vértigo mientras la escena se va haciendo cada vez más pequeña, más diminuta, más lejana en el tiempo y en el espacio. Te desintegras colisionando contra un cosmos que parece haber dejado de estar hecho a tu medida. Sales disparado estallando en mil pedazos, fundiéndote con la lluvia que moja la tierra, que empapa tu rostro, que muere contigo.

Cuán diferentes podrían haber sido las cosas si aquella noche tu afán de protagonismo y esa estúpida sensación de sentirte por encima de las normas te hubiesen abandonado. Si no te hubieses tomado aquella copa de más, si aquel nefasto vaso de tubo goteante se hubiese desintegrado con el frágil contacto de tus labios. Pero esa madrugada no llevabas el as ganador bajo la manga de la blanca americana y esa suerte de la que tanto alardeabas te abandonó justo cuando más la necesitabas. Y ahora mírate, tirado en esa cuneta bajo un amasijo de hierros; esos mismos hierros que componían tu joya más preciada ahora convertidos en vil chatarra son los que te aprisionan en esta noche húmeda y solitaria. Tu mente en semi-blanco, te hace escuchar los ecos de aquellas voces amigas que te insistían en que pararas de beber, aquellas mismas voces que te aconsejaban dejar el coche, dar un paseo hasta la parada de metro, acompañarte a casa....... Podrías haber tomado tantas decisiones que hubiesen alterado el curso de las cosas, y justo fuiste a tomar todas las equivocadas.

Sí, tienes razón, podría esa curva no haber sido tan cerrada, podría haberte socorrido alguien, podrías haber controlado el vehículo antes de salir despedido de la calzada, podrían haber pasado tantas otras cosas, pero irremediablemente no sucedieron, se fueron desencadenando aquellas que justamente habías menospreciado, aquellas que era primordial haber evitado, y que una vez más desafiaste y esta vez te tocó perder en la partida más importante: la de la vida.
Y ahora que mueres lentamente, que todo tu organismo se va apagando, que se congela el mundo ante tus ojos, que sientes este frío húmedo apoderarse de tus huesos; ahora que el hedor a sangre impregna todo tu espacio recorriendo a su antojo tus fosas nasales y haciendo que las náuseas te convulsionen; ahora empiezas a darte cuenta de la crudeza con la que golpea destino, de lo efímero del tiempo, de los momentos dejados caer en el olvido sin apenas vivirlos, sin exprimirlos, sin sentirlos, de un plumazo lo perdiste todo, en un mísero instante. Se evaporan en el aire los amaneceres que en los que ya no despertarás, la puesta de sol que nunca te emocionará, las estrellas que no te deslumbrarán, los besos que tu amor jamás te podrá dar, la risa de los hijos que nunca tendrás.
Y ahora dime ¿mereció la pena perder tanto en tan poco tiempo?.........







Ruth: 26/6/10
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Era un sueño, una fantasía, un mundo inmenso que con belleza se dibujaba.
Era potente energía, de la que lo absorbe todo, de la que te llena y de la que te arrastra.
Era locura improvisada, con hilos de ternura hilvanada.
Era fuego incesante, luz dorada, manantial de agua fresca en medio de tierra árida;
era el todo que cubría la nada, mi nada...

Fue un instante, un eclipse, un suspiro en mi garganta, fue la presa desbocada,
la inocente lujuria desenfrenada.
Fue pasión y celo apenas contenidos, huracán de sentimientos en busca de abrigo,
elegante fragancia que impregna los sentidos; melodía celestial de suaves gemidos;
a intervalos, gotas de sudor resbalando por cuerpos fundidos.

Es estrella fugaz que surca el firmamento, anhelante libertad que clama al olvido,
noche de éxodo en el ocaso tardío, diluvio universal tristemente vencido.
Es huella de terreno baldío, caballito de mar surcando paraísos.
Es simplemente, aquello que jamás pude haber tenido.



Llegó la primavera cogida de tu mano, a este otoño tardío. Y como torbellino hizo germinar las más hermosas flores, donde antes sólo había árboles desnudos llorando hojas secas que crujían ante cada una de mis pisadas profundas y cansadas. Llegó tu inocencia cubierta de pena y mi corazón se volvió refugio, para abrazarte, para sentirte, para convertirse en morada de tus días grises. Llegó el color y la fragancia a este jardín de tonalidades ocres, que palpitaba tenuemente en los brazos del abandono...


Fugazmente pasó por nuestras vidas un hermoso verano, lleno de sueños que dibujamos bajo un cielo estrellado, lleno de vida renovada que volvía a tener significado, lleno de esperanzas que despertaron tras el largo letargo que hacían que ese músculo abandonado volviera a latir con fuerza resurgiendo apasionado...


Casi inesperado llegó el revuelto otoño, con turbulencias y huracanes que hacían tambalearlo todo, mostrándome tu rostro enfermo cubierto de barro, sintiendo tus arañazos clavarse en lo más hondo, sumergiéndome en medio de una neblina gris, tratando de esquivar todos tus golpes bajos...


Desapareciste dejando el invierno tras tus pasos, ese invierno frío y tenebroso en el que ahora me hallo inmerso, donde la helada ya lo cubrió todo, donde tus huellas tenuemente se van difuminando. El color quedó congelado y frágilmente se va a pagando...



Ruth: 13/6/10
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NO TE VAYAS.......


Miquel es la persona que me mantuvo en vela anoche hasta cerca de las dos de la madrugada en Rne, desgranando una historia que merece ser contada y que merece ser escuchada; una historia que habla de esas personas que conviven con nosotros, pero que no tienen la suerte de tener una vida "normalizada" como la que puedes tener tú o puedo tener yo. Con toda la naturalidad del mundo y sin avergonzarse de esa etapa de su vida, nos acerca una realidad que aunque la veamos a pie de calle la tenemos completamente ignorada. En muchas ocasiones, con mayor o menor fortuna, mirando desde el otro lado, hemos intentado descifrar sus historias, como malviven o que es lo que piensan, pero en muy pocas ocasiones son ellos mismos los que nos cuentan su propia historia, los sentimientos desgarradores que atenazan su alma, sus luchas internas y eternas por sobrevivir en medio de la nada y el desasosiego de sentirse completamente abandonado.
Como digo, una historia que en boca de Miquel toma vida propia, que se impregna de esperanza cuando consigue salir de ese pozo gracias a la FUNDACIÓ ARRELS, (de mis queridos Enrique y Gabriel, que tuve el honor de conocerlos en este blog hace unos meses y que mantienen su blog Con Cartones por la Calle). Esta historia también es un llamado a la reflexión y a nuestra autoconciencia que desde su blog, Miquel trata de sacudir. En definitiva, una historia que no te dejará indiferente.



Ruth: 2/6/10
Imagen: Miquel Fuster.

Cuando las madrugadas destiñen soledades, suelo sentarme en el resquicio del alba perdiendo mi mirada más allá del horizonte, donde el infinito se desdibuja y los sueños quedan garabateados en un lienzo difuso de colores abstractos. Extiendo la mano, pero mis frágiles dedos no son capaces ni de alcanzar las suaves lágrimas goteantes de ese prisma que una vez hice el centro de mi vida, y que poco a poco fue agotando todas mis energías hasta despojarme de mis vestiduras, que rasgadas caen al suelo mostrándome la desnudez de este corazón desahuciado, que quedó vacío en el mismo instante en que las ilusiones y los sueños dejaron de pertenecerle. Observo distraído el transcurso del tiempo, lo dejo pasar sin más, sin ni siquiera esforzarme en retenerlo, incluso a veces lo empujo, lo empujo con todas mis fuerzas en el nefasto intento de huir de una realidad que no es la que planeé, que ni siquiera es de mi propiedad; una realidad que se viste indiferente, que toma el transcurso del devenir de los años ajena a mis deseos, y a mí voluntad...

Cuando el alba raya el cielo y el rocío inunda mi alma con sus gotas heladas, siento la daga clavarse más hondamente en lo profundo de mi ser; siento las lágrimas brotar y la rabia retorcerse; caen las gotas del lienzo de los sueños sobre mi piel, caen amargamente recordándome que todo se redujo a eso, a simples manchurrones en medio de una vida que empezaba a florecer. Y es solo en esos momentos cuando percibo que sigo teniendo la capacidad de sentir que tantas veces creo haber perdido. Y es en medio de esa vorágine de sentimientos y huracanes, de mares revueltos, de tormentas incesantes, de lucha y desesperación, cuando vuelve la consciencia que me despierta del letargo, de ese extraño adormilamiento al que me entrego, de ese mecerse sobre la hamaca en las tardes de verano, de esa fatídica paz en la que solo dejo mis días pasar.

Cuando amanece, y los primeros rayos del sol ciegan mi rostro, sé que pasó la tormenta y que dejó ante mí los vestigios de una historia difunta, que entierro bajo los cimientos de un cementerio del que trato de huir. Llegó la calma que apacigua, el susurro de la conciencia, la fuerza de voluntad abandonada; volvió para mostrarme un cielo azul inmenso en el que colorear con mis dedos convertidos ahora en pinceles....


Ruth: 30/05/10
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Late, late, y late; a pesar de todo sigue latiendo y palpitando, y yo, desposeído de toda razón lógica me pregunto ¿por qué? ¿por qué sigue su ritmo acompasado, lento, suave y cansado sin más pretensión que la de bombear estas venas atrofiadas que recorren mi cuerpo?
Y ahí sigue un día y otro más, a pesar de estar vacío, roto y hecho añicos; a pesar de las veces que lo arrancaron de cuajo, que lo tiraron por la borda y que lo dejaron abandonado en la cuneta.
Y a pesar de todo sigue ahí, latiendo y haciendo brotar vida.


Ruth: 25/05/10
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¿Qué me decís de esto?

Yo sigo estudiando por si acaso....





Ruth: 21/5/10

Mentiras Piadosas: Juaquín Sabina


Y tú qué prefieres???



Ruth: 13/5/10


TESTA DI GIOVINETTA
LEONARDO DA VINCI

Homo Novus: De una humanidad renovada y del espíritu del Renacimiento
Por un ser humano renacido, que encaje con serenidad los reveses de su vida, que haga de la alegría y de la buena voluntad sus señas de identidad, que enfrente con optimismo y confianza su futuro. Por un mundo reconstruido sobre este nuevo ser humano, que no tema nada –ni siquiera hacerse daño a sí mismo o a su entorno- (Suri)


De la mano de un escritor sublime y buen amigo, os presento el blog de Homo Novus, con las palabras que utiliza él mismo para describirlo.
Para mí sin duda una aventura apasionante en la que recorrer de su mano caminos milenarios trazados por personajes ilustres de nuestra humanidad, en busca del saber que nos lleva a la transformación del mundo.


Ruth: 3/5/10


“Hace muchos, muchos años, estuve allí, en tu seno. En ese mar tranquilo y confortable de tus secretos.
Sumergido en el manantial que da forma a la vida.Y como frágil marioneta vine al mundo, movido por los hilos de tu amor incondicional. Ese amor que acompaña y guía mis pasos, a veces inciertos, y que me conduce por esta senda maravillosa que es la vida:

¡Gracias mamá por hacerme existir!”


Ruth: 2/5/10


Caen los pétalos de la flor aún cuando ni siquiera llegaron a marchitarse, los veo desprenderse con sutil temblor como resistiéndose a abandonar el tallo que les da la vida; tintinean suspendidos en el aire unos instantes para morir a los pies de una tierra que aunque fértil ya no les pertenece. Abandonados surcan el corto espacio en su caída en picado, como en un nefasto intento de renunciar a lo implacable...

Sigo sin hacerme a la idea de tener que renunciar a este amor que siento tan hondo, tan profundo, tan inmenso, que me siento tan indefenso como esos pétalos a merced del viento o de la suave brisa. Su fulgor es ahora el mío, las lágrimas de esa flor cobran vida en mi rostro mientras preparo el equipaje cargado de recuerdos y añoranzas que empiezan a escocer sobre las heridas que me dejó nuestro último asalto. Y aunque mi instinto de supervivencia me pida a gritos volver como el ladrón en la madrugada para trepar a tu alcoba y poder adueñarme de tu corazón, o en el peor de los casos recuperar el mío, sigues fortificando tus muros lisos e inmaculados, tan altos, tan inescrutables, tan profundos, que mi fortaleza física es incapaz de derrumbar, de escalar, de conquistar......

Quién fuese pétalo de rosa, para acariciar tiernamente tus labios, en esta noche vestida de soledad...................


Ruth: 30/4/10

La marea trae hasta la orilla de esta playa desierta las huellas de tus pasos cansados, y aún pudiendo percibir tu esencia, sigues sin estar aquí, sin darme las señales de vida que yo intuyo que posees.
A veces creo que te tengo al alcance de mis dedos, que casi puedo rozarte, acariciarte, susurrarte al oído; a veces tu presencia parece tan real que empiezo a pensar que me abandoné a los brazos de la locura absoluta, que traspasé los límites de la imaginación al igual que hiciera Pigmalión con su amada Galatea.
Y a veces, solo a veces, noto tu respiración tras de mí, en el lado de la cama que queda vacío, y en esas noches, no sé si te sueño o te imagino, si estás o no estás, si te tengo o me pierdo, cuando noto tus brazos agarrarme con fuerza, cuando son tus dedos los que recorren mi espalda jugueteando con caricias que parecen traspasar cada poro de esta piel que ansía ser bañada por tus besos, ser cubierta por la envolvente sensación de tus juegos perversos, en los que me haces tuyo sin remedio, tomándome y desposeyéndome de toda razón para llevarme por esos mundos mágicos que pinto y recreo cuando tu presencia domina mi mente y me hace creer a ciencia cierta que estás ahí, justo tras de mí....
Y es entonces, cuando pretendo inútilmente dominar la situación, cuando despierto en mitad de la noche, y te busco en ese preciado lado de la cama donde ya no estás; y aún teniendo las imágenes grabadas, y aún haciendo un sobreesfuerzo gobernando a mi imaginación, tu esencia, tu figura, tu tacto, tus caricias, tus besos se esfumaron en tan solo un instante, evaporándose en mitad de la nada, dejándome en la más absoluta soledad, perdido, desorientado, muerto; sin más vida que la de los órganos vitales que siguen su curso con el movimiento cíclico que da vida al ser biológico, que queda carente de significado sin ti.
Quisiera volar hasta ese mundo en el que habitas, allá donde los sueños y la fantasía cobran vida, allá donde poder tenerte sin el miedo a tu huída, sin el temor de tu ausencia, sin la frustración del abandono; y sin embargo sigo recorriendo senderos imaginarios que apenas llegan al linde de tus abismos, que no son más que espejismos que se difuminan en un instante y que me sumergen en un océano de melancolías y nostalgias; de añoranzas que apenas consiguen ser contenidas por este cuerpo, que a veces, solo a veces, tomas prestado para hacerlo tuyo y que luego devuelves de forma despiadada arrojándolo a una cama húmeda de sábanas frías, donde no queda nada salvo mi propio abismo.


Ruth: 26/4/10

El olor a humedad impregna mis fosas nasales, parece subir hasta el cerebro donde se acomoda estimulando el recuerdo para así quedar habituado nuevamente a él. Ahora parezco necesitar este olor, estos sonidos turbulentos, ese eco de fondo de gemidos y gritos ajenos, el sutil susurro del alcohol al rellenar los vasos de tubo, el goteo espumoso del barril de cerveza tras esta barra mugrienta. Recuerdo la primera vez que pisé este antro, cuando ella marchó de mis brazos en busca de nuevos soles con los que iluminar su vida, recuerdo aquellos primeros instantes de desesperación, donde mis pasos me condujeron hasta aquí, hasta este lugar que ahora parece bendito, donde cada noche acudía a ahogar mis penas y mis ansias de salir fuera de mí, desde donde emites los nuevos cantos de sirena que me traen desesperado a morir en tus brazos, en esa habitación pintada de burdeos oscuro, donde el nefasto carmín resbala por la comisura de tus carnosos labios y donde las gotas de rímel destiñen para mostrarme el más inmenso de los océanos. Empieza a preocuparme esta situación, insólita para mí, ya casi no llego a fin de mes y muero de celos que atenazan mi alma cada vez que me desprendo de tus caderas, cada vez que debo dejar de beber del manantial que me de la vida para que otros se aprovechen de él. Te noto cansada, huidiza, distante, y la vez me noto cada vez más necesitado de tu salvación, y un temor tenebroso recorre mi cuerpo al pensar que quizá esto tenga que acabar. Me da miedo necesitarte, saberme a tu merced, quedar dominado por tu presencia y condenado a tu ausencia, a este tenerte a medias, a este tenerte sin tenerte que me ahoga, me aprisiona y no me deja vivir. Fantaseo con la idea de tenerte sólo para mí, de saberme tuyo al cien por cien, y me recreo con sueños infantiles de una vida normalizada donde poder salir a pasear cogido de tu cintura, donde poder besarte y amarte sin tener que pagar tal alto precio económico y emocional. Se me va la vida en esta idea, tratando materializarla con todas mis fuerzas, intentando conseguir el valor que me hace falta para lanzarme al vacío sin importarme si la red fue puesta o no, y conseguir infundirte ese mismo valor a ti, para que seamos capaces de cambiar la realidad en vez de resignarnos a ella; pero mientras tanto, sigo hundiéndome en este oscuro vaso cuyo poso es tan negro como mi alma, a la espera de que termines la faena con uno de estos clientes borrachos que parecen haber apreciado en ti muchas cosas más que en las demás. Exasperan mis nervios en esta interminable espera cotidiana, enloquece mi alma hasta la saciedad, cada día parece que lo aguanto menos, que bebo más, que me pierdo y alejo de mis sueños. Y sigo aquí, desesperado y loco, ansiándote con todas mis fuerzas, sumergido en mis miserias, rogando escuchar tu voz, como cada noche, esa melodía dulce y femenina, vergonzosa y tímida con acento sueco.



Ruth:17/4/10

Cae la lluvia de colores sobre nuestros cuerpos fundidos; resbala sutilmente hasta empapar nuestros corazones impregnados de fantasías y recuerdos, de anhelos y sueños, de melodías que nos hacen bailar bajo la tormenta y corretear por este valle que el destino puso a nuestros pies. Te miro con mi cara de niña traviesa mientras nuestras manos siguen aferradas bailando al compás de la noria, sin espacio ni tiempo, donde la nada se convirtió en un todo repleto de sensaciones que me hacen esbozarte mi sonrisa más coqueta y mi mirada más ilusionada. La lluvia va dejando sus huellas sobre mi vestido blanco convertido ahora en cuadro abstracto de manchas de colores que se expanden y entremezclan, dejando su calidez en cada poro de esta piel que se deja empapar por el torrente de felicidad que brota del manantial que nos da la vida. Ya no importan las montañas que tuvimos que escalar para encontrar nuestro paraíso, ni los mares que tuvimos que surcar a la deriva para encontrar nuestra burbuja de colores, porque ahora podemos decir que todo mereció la pena, hasta los más amargos sinsabores, hasta los más crudos inviernos, porque floreció la primavera, y con ella todas nuestras preguntas tuvieron respuesta con solo una mirada, fija y penetrante de tus ojos encontrándose con los míos, acallando todas las dudas de nuestra incierta existencia.
Te miro, me miras, te sonrío, me sonríes, al tiempo que tratas de descubrir qué se esconde detrás del blanco.....


Ruth: 10/4/10



La chimenea ya hace horas que crepita con su incesante vaivén de colores con los que esta estancia se ve tenuemente alumbrada. La puerta como siempre, quedó entreabierta para cuando tus pasos cansados te conduzcan irremediablemente hasta aquí, hasta tu lugar seguro, hasta el refugio de tu alma; para cuando necesites liberarte de toda esa tensión en la que te encuentras inmerso y busques desesperadamente fundirte en mis brazos. Abrí la caja de los sueños, esa cajita de hojalata que siempre guardo a buen recaudo, y de ella liberé a un puñado de ninfas de mil fragancias, portadoras de inspiración y creatividad que con sus bálsamos harán de ti un ser renovado en esta mágica noche de luna llena. Te espero junto al fuego, mientras lo avivo para que no deje de arder, porque de seguro llegarás empapado, como siempre, víctima de tus propios charcos, de tu propia lluvia, de tus propias tormentas. Te espero como cada noche, desde hace ya trescientas sesenta y cinco noches de letras derramadas, de susurros a media voz, de confidencias y secretos... Te espero con mi mano amiga siempre tendida, siempre cerca del fuego, de tu fuego interior, siempre dispuesta a ofrecerte la más sincera de las caricias, siempre dispuesta a lavar las heridas de todas tus batallas, siempre dispuesta a acoger tus miedos, tus dudas, tus anhelos, tus sueños, tus luchas interminables, tu cansancio agotador difícilmente mostrado... sí la mano amiga que ya tan bien sabes reconocer, aferrarte a ella y salvarla de todos sus incendios.

Aquí estoy como siempre esperándote mi querido guerrero.



Ruth: 5/4/10

Os invito a leer el relato que hemos compuesto entre todos los autores del blog

Más Allá de los Sueños

Ruth: 5/4/10

Dudo un instante si seguir con este ritual que ya se me antoja estúpido, o abandonarme a la mediocridad tratando que mis días pasen sin más componiendo un calendario obsoleto de días, semanas, meses y años. Me pregunto constantemente de qué sirve golpear una pared de hormigón cuando mis manos amoratadas ni tan siquiera son capaces de hacer una mínima fisura, cuando el otro lado se percibe aún demasiado lejos, cuando ni una brizna de esperanza parece reflejarse en este espejo que tan solo me devuelve una imagen que ni siquiera se parece a mí misma. Y lo miro o me miro ahí, sin encontrar sentido a todo esto, pensando en lo fácil que sería dejarse llevar por la misma vorágine que los demás, abandonarse aunque solo fuera un instante y dejar que la marabunta me arrastrase por los mismos caminos que andan la gente corriente, sin preguntarse nada, dejando tan solo el cerebro en stand-by, poder llegar a ser un encefalograma plano; sin miedos, sin dudas, sin expectativas, sin sueños, sin metas, sin intentar trascender, sin querer participar, sin tan siquiera querer comprender. Ser ave de paso de una vida que se recorre en puntillas, casi sin dejar huella. Y me lo propongo un día, y otro, y otro más, y me pongo el mismo disfraz que visten esos extraños habitantes que pululan a mi alrededor, e intento con todas mis fuerzas parecerme a ellos, hacer las mismas cosas, acudir a los mismos sitios, hablar de los mismos temas intranscendentes, incluso intentar hacerme creer que son interesantes; pero en cada una de estas acciones sigue habiendo una vocecita allá mar adentro que me sigue torturando, e intento acallarla llenando mi vida de muchas más acciones cotidianas de las que todo el mundo es presa, pero es una voz demasiado chillona que aunque tenue sigue ahí, y lo peor de todo es que esa vocecilla me resulta familiar, es como la de una niña marisabidilla que sólo sueña con comerse el mundo, y me sigue gritando pese a la intensidad con la que quiero acallarla por completo, y aunque rebusque en los entresijos de mi conciencia para amordazarla sigue y sigue preguntando qué hago, por qué la abandono, por qué he dejado de luchar por ella..... Y cuando acaba la jornada, después de invertir todas mis fuerzas haciendo lo mismo que hacen los demás, después de no poder acallar la voz de mi conciencia ni un solo segundo, me doy cuenta, de que estoy tremendamente cansada, mucho más agotada que cuando nadaba contracorriente por intentar ser yo misma.....


>Ruth:31/3/10


Siento tu aire, tu viento, tu brisa

siento tu pena, tu llanto, tu angustia

siento tu historia, tu muerte, tu vida.....


Siento tu paso, tu huella, tu presencia,

siento tu anhelo, tu deseo, tu meta,

siento tu ser, tu alma, tu ausencia...


Siento tus pasos cansados y tu mar de dudas,

siento que estás y que vives sin estar ni vivir,

siento como me agarras con tus manos desnudas,

siento que lates, que palpitas dentro de mí....

Siento tu mar de fondo y tu fuerza vital,

siento que respiras aún navegando a la deriva,

siento que me coges, me sueltas, me gritas,

siento que me ahogas y que me das la vida.



Te siento y presiento aún sin llegarte a ver,

que formas parte de mi mundo, de mi universo

Y que eres el complemento de mi ser.
Ruth: 26/3/10









Cae la noche espesa con su manto gris, cae a plomo sobre mi cuerpo mojado, y noto como esta lluvia de asteroides zigzagueantes me alcanza sin llegar a tocar ni una sola de las fibras que envuelven este todo que sigue latiendo sobre la tierra húmeda, adherido con fuerza a ella, sumergido en las dos partes que forman nuestras raíces: la tierra y el agua; mágica disolución de enigmas que el progreso no llega descifrar. Cae esa noche con sus millones de estrellas que no colisionan, ni hieren, ni matan, solo se hacen presencia en el contacto con el ser humano abandonado a un presente, desposeído y neutro, renovado y purificado. Me dejo abrazar por esa noche y por la mágica sensación de saber que el aquí y ahora es lo que realmente importa, de poder parar en seco y divisar las huellas perdidas que quedaron atrás, unas huellas que dejan escasas pinceladas en el lienzo de una vida, pero que aún así forman parte de nuestro legado, de nuestra historia personal, y que ahora se entregan en una noche que nostálgica y melancólica se derrite para hacerse agua, para hacerse tierra, para fundirse en un único ser que silencioso y taciturno se entrega por completo. Y ahora un mar blanco invade mi mente, se disipó la niebla transformando el cielo gris en un firmamento espeso de cortinas blancas como jamás lo había divisado anteriormente, sintiendo estar en tierra de nadie cuan náufrago a la deriva sin llegar a zozobrar. Y extrañamente la tranquilidad de esta noche inmensa me proporciona la paz que se percibe al terminar la lucha, aún sin saber si gané o perdí, si fui vencedor o vencido, pero que me ofrece la ligereza de los músculos cuando dejan de contraerse. Esta noche hace que la tensión salga a raudales de un interior yermo, y tan solo deja infinita lluvia derramada sobre mi rostro, sosegadamente, pausadamente...
Ruth: 24/3/10

Canibalismo en Otoño (Salvador Dalí)


Sales como rata de tu madriguera, trepando por las acalcantarillas, arrastrándote por el cemento gris y polvoriento, recorriendo cada una de las aceras que otros pavimentaron. Surcas con tu olfato cada esquina, cada rincón, cada minúscula partícula que te lleve tras el rastro de tu presa, aniquilando la envoltura de los adoquines trazados sobre el asfalto desdibujados por tus agrietadas garras sanguinolentas..........
Huyo, corro, tropiezo, caigo, a gatas trato de salir de este callejón sin salida, desprenderme de tus garras, de tu fortaleza que aprisiona mi cuerpo, de tu mirada consumista que trata de devorarme en este preciso instante, te veo acercarte con tu baba goteando sobre mis pasos cansados, trato inútilmente de levantarme, de recobrar la compostura, no quiero rendirme, no quiero que me engullas convirtiéndome en un ser como tú, no quiero dejarme llevar por este cansancio que me atenaza, que me pide agritos que abandone esta inútil lucha que mantengo conmigo misma; aún así consigues acorralarme en este rincón y que la fría pared me envuelva con su humedad, haciéndome temblar de miedo, sintiendo como el pulso se me acelera y como el corazón palpita con fuerza ante el inminente ataque. Siento miedo al percibir el nauseabundo hedor que desprendes y que me hace saber que estás cerca, tan cerca que ya puedo olerte y quedar impregnada de tu peste maldita; tus enormes zarpas consiguen desgarrar la parte superficial de mi ser indomable; me hieres con la esperanza de guardar bajo llave mi alma, esa que tanto ansías y que desesperadamente quieres hacer tuya. La sangre se esparce mientras un dolor frío recorre mi espina dorsal para penetrar en mis entrañas, noto ese gemido de mis gritos ahogados que no parecen ser escuchados, pues ya no quedan almas vagantes en este lugar, sólo seres inertes que de algún modo ya hiciste tuyos. Lloro amargamente sintiendo como mi cuerpo desfallece en la angustia que trepa por mi estómago para perderse en unos vasos sanguíneos dilatados, pero aún así, yo sigo sin quererme rendir, sin someterme a tus deseos caníbales, sin darte tregua ni respiro, pues quiero creer que mi alma sigue intacta por mucho que tus garras sigan aprisionando mis carnes, jamás mi esencia será tuya, pues mi “yo” quiere volar libremente por un cielo que tú, bestia inmune, eres incapaz de atisbar; podrás quedarte con este cuerpo que tan solo es carne que poco satisfará tu apetito voraz, pero aquello que soy, aquello que llevo dentro, aquello que me da la vida, mi último aliento, jamás será tuyo aunque irónicamente creas haber vencido. Dibujada queda en mi rostro una leve sonrisa que es el reflejo de tu perplejidad, aquella que ni entiendes ni entenderás, mientras mis órganos vitales lentamente se apagan y consigo dejar de escuchar tus voces de ultratumba, me alejo del charco de sangre que dejaste bajo mi cuerpo, vuelo libremente lejos de ti, de tu vorágine interna, que inútilmente se contrajo al creerte poseedor de algo que no te pertenecía: mi libertad.

(Y sé que tras de ti hay mundo, el mundo que me está esperando, el que tengo que conquistar, aquel cuyo mapa tracé en mis sueños, aquel que un día acariciaré con la palma de la mano abierta cuan arco iris que sale tras la tormenta, y tú quedarás atrapado en ese espacio de cristaleras, mirando desde dentro pero sin ver, gastando tu oxígeno sin respirar aire puro, consumiendo lo consumiblemente mediocre, ahí quedaras encerrado en tu palacio de cristal soportando los vientos de las modas, cambiando como el camaleón con tu vestido de camuflaje, pero sin conseguir jamás ser tú mismo, y yo desde el exterior, desnuda y sin disfraces ni máscaras, te haré burla, porque una vez me hayas desgarrado por completo, cuando creas que ya no puedes sacar provecho de mí, sé que me dejarás tirada en este mísero callejón, y desposeída de todos esos disfraces que me ofreciste y que yo conscientemente me puse creyendo así que iba a contentar a la bestia, que iba a frenar su ataque sin saber que lo que realmente necesitaba era ese desgarro interno que hace tambalear ahora mi mundo y que me libera de tus garras prisioneras de modas superficiales y de estandartes banales).
(Gracias Dani, por ayudarme con mis vómitos, tú ya me entiendes).
Ruth: 21/3/10



Mi querido Javi, ya van dos años de ausencia en los cuales el mundo no ha dejado de girar ni un solo instante, la vida sigue, aunque a veces solo pasa, pero se va marchando tan rápidamente que parece mentira que ya hayan pasado dos años; pero aún así puedes tener la certeza de que tu recuerdo siempre permanecerá vivo en la mente y el corazon de los que te conocimos y te amamos. Sabes que tú y yo sólo compartimos dos horas de los millones de horas de los que se compone una vida, pero sin embargo bastaron para que te colaras en lo más hondo de mi corazón, para hacer que alimente como se alimenta la llama de una vela esos escasos recuerdos, sobre todo el de tu sonrisa y tu mirada sincera, franca y trasparente. Bastaron dos horas para saber que merecía la pena haberte conocido y que sienta profundamente tu marcha inoportuna, ese juego sucio de la vida que te arrebató de nuestros caminos tan vílmente. Duele el pensar que nos podríamos haber conocido muchísmo más y que no tuvimos la oportunidad y me gusta que duela porque así tengo la certeza de que sigues vivo dentro de mí.
Doy gracias por haberte conocido, porque te colaras tan dentro, gracias por ese 26 de octubre de 2007, por tu abrazo cálido en una estación de tren perdida.

Recibe mi sencillo y humilde homenaje, haz que ascienda hasta esa parcela de firmamento en la que bailas con las estrellas.
Ruth: 14/3/10


Tenerte aquí y ahora es la bendición que la vida me regala en este anochecer; morir para resucitar en tu cuerpo inmersos en la niebla que procede de nuestros suspiros, perderme en el vaho de tu boca, en la esencia de tu intimidad, deshacerme al fundir tu saliva con la mía al acercarme a la comisura de tus labios; al acariciar el infinito de tus curvas, al rozar con mis dedos tu piel, al enredarme en tus caderas, al humedecerte haciendo círculos concéntricos con la punta de mi lengua. Sentir tu cuerpo adherido al mío, percibir como vibra anhelante buscando mis caricias, sumergido en tus susurros y en la melodía de tus gemidos, buscarte y encontrarte haciendo de las sábanas nuestra cueva imaginaria.

Bebo del caliz pecaminoso que de tu cuerpo emana para darme la vida eterna que ansío; dulce condena que me atenaza y me aprisiona a vivir y morir en tu cuerpo, recorriendo los surcos que el universo ha dejado tatuados en tu piel, perdiéndome en cada rincón de tu ser humedeciéndolo milímetro a milímetro, dejando mi esencia en cada uno de los poros que en tu silueta se dibuja, poseyéndote al hacerte única y exclusivamente mía.

Hacer que los relojes paren sus horas en este instante, es la mágica osadía que nos atrevemos a cometer.

Manchados quedan nuestros cuerpos, encadenados el uno al otro mientras esperas abierta en canal que mi mar blanco hinunde tus profundides.
Publicado por Ruth: 6/3/10


Es el mundo de las falsedades, hipócrita y cruel, el que me tiende enloquecido sus brazos para transformarme en un ser más, acunándome con viejas canciones de cuna obsoletas, desgastadas por el tiempo, rancias y motónonas. Es ese universo, del decir por decir, del decir por quedar bien, de decir sin decir nada, donde lo dicho se evapora como gas venenoso y mortal, y como niebla asciende hacia un cielo gris, triste y cansado. Me ofreces a cada instante máscaras de todos los colores, disfraces de ensueño y un recopilatorio de frases banales, sin sentido e insignificantes, para que una vez memorizadas las vaya soltando por doquier. Me hablas de mundos perfectos inmersos en ideales de bellos "avatares", de mundos que una vez sumergida en ellos sólo son destellos de miserias contenidas, de "yos" sin sentido, de espectros ambulantes.
Guárdate tus espejismos de días soleados porque a mí me gusta la lluvia, me gustan los charcos, chapotear en ellos hasta calarme las rodillas si es necesario; caer, levantarme, tropezar, volver a caer, hundirme en mis miserias y resurgir como el áve fénix; perderme, buscarme, reencontrarme y abandonarme. Me gustan mis mundos, mis extrañas fantasías, mis cosas raras que jamás lograrás entender.
Disfraza a otros con la sutileza de la hipocresía, a aquellos que tanto les agrada aparentar y alejarse de sí mismos en aras de modernidad, aquellos que ansian parecerse al resto, pero no me vengas con falsas promesas, con ideales ilusorios, con mentiras y engaños para adornar mi vida, porque no pienso sucumbir a tus caprichos, ni pertenecer a un mundo de tantos. No me exijas certificados de humo envueltos en bancos de niebla que sólo hablan de estupideces banales; exíjeme locuras que me hagan tocar el infinito de mis sueños, que me hagan estallar como un volcán en plena erupción, que me hagan sentir el Big-Bang que anucia el orígen de una vida nueva.
Así soy.
Así quiero ser.
Así quiero pertenecer.


La mañana se presentó cálida y apacible, con un cielo azul inmenso que invitaba a salir y pasear perdiéndose en algún lugar recóndito que la naturaleza tejiera para estos días primaverales. El despertador hacía media hora que había sonado con esa dulce melodía que tanto trabajo le había costado bajarse de la red. Asomada a la ventana decidió que hoy no era un buen día para ir a trabajar, sino para disfrutarlo en toda su inmensidad; para perderse, para abandonarse y para reencontrarse. Hacía ya mucho tiempo que no se dejaba llevar por la locura intrínseca que gobernaba su interior, aplacada bajo los signos de normalidad que quería aparentar, esos signos que la agotaban mucho más que ser ella misma, pero sin los cuales se hacía difícil sobrevivir en medio de una vorágine de personas que se limitaban a seguir el patrón de sus vidas cuadriculadas, y que raramente aceptaban aquello que se salía de su norma, marcada de generación en generación, con raíces en la tierra maltrecha, convertida hoy en cemento y hormigón por aquello que llaman civilización.
Pero hoy era un día diferente, la naturaleza la llamaba con sus cantos de sirena atrayéndola hacia viejas experiencias renovadas. Escuchaba con atención el sonido de la brisa suave, el baile de los brotes de las hojas de los árboles de la avenida, el crepitar de sus ramas al enlazarse unas con otras; y quería más, ansiaba más, poder fundirse con la tierra, embriagarse de los aromas que de lejos percibía, huir de aquella monotonía rancia que tanto le alejaba de disfrutar de todo aquello que aquel día le regalaba.
Por primera en vez en mucho tiempo, el uniforme se quedó colgado en el galán de noche; Se puso su jersey preferido, uno rojo de hilo con cuello de cisne y unos vaqueros que aunque viejos y desgastados, eran con los que más a gusto se sentía, cogió la chaqueta y salió de casa sin intención ni rumbo, sus pasos la llevarían hasta el punto donde quería situarse. Una extraña euforia gobernaba su ánimo dibujándole la mejor de sus sonrisas y la más franca.

Pronto llegó hasta aquel bosque que lindaba con algunas huertas de vecinos del pueblo, los cuales la saludaban al pasar pero no sin abandonar aquella expresión entremezclada de rareza y extrañeza al verla por allí. Se adentró un poco más hasta percibir que se encontraba a solas con su soledad compartida con el entorno cada vez más salvaje. Sus ojos despertaron del letargo en el momento en que el esplendor del colorido de las flores recién nacidas le estrecharon entre sus brazos, sus oídos parecieron resucitar cuando escuchó el sonido de la tierra ante sus pisadas, su olfato se estimuló al percibir la exquisita fragancia de la tierra húmeda y de las flores del bosque, su tacto dejó de estar enmudecido al notar la suave y aterciopelada textura de la tierra escurriéndose entre sus dedos, y por último su paladar pareció cobrar vida al saborear las moras silvestres que adornaban aquel paraje.
La mañana transcurrió entre susurros y confidencias, sintiéndose ella misma como jamás había sentido antes, alimentándose de aquellas sensaciones que había dejado olvidadas en el transcurso de los años, y convirtiéndose en niña de nuevo, más niña de lo que había sido en su infancia. Alejada del mundanal ruido tenía la sensación de haber regresado a su hogar, a esa morada que incendiaba su alma.
De regreso a casa, con los bolsillos de la chaqueta repletos de moras, perdida en sus pensamientos, afligida por el hecho de tener que volverse a sumergir en la normalidad de una sociedad poco hecha para ella, siente algo nuevo en su interior, es como si esta vez la propia naturaleza no se quedara en el mismo bosque esperando su regreso, sino que esta vez parece acompañarla, como si parte de aquella estampa formara ahora parte integrante de su ser, como esencia renacida de aquello que un día llevó consigo pero que con los años quedó abandonado en el camino de una vida incierta. Contaminada de nuevo con su veneno particular, nota el corretear de la sangre inyectada en sus venas, con la firme proposición de pintar con él la superficialidad de la normalidad que a menudo le vendían aquellos sofistas traficantes de ideas.






Ruth: 24/2/10


De ocre se tiñe el jardín de mis recuerdos, de un amarillento amarronado que sutil, va cubriendo capa a capa, palmo a palmo cada rincón de este mágico lugar que se dibuja tras esta ventana de viejas bisagras. Las flores parecen resistirse a abandonarme a sabiendas que no habrá fuerza alguna que impida su marcha; las hojas de los árboles van cayendo entregadas a este viento que parece azotarlo todo, hasta mi alma. Ni siquiera recuerdo cuantos años lleva mi osamenta gastada contemplando el paso del tiempo en el jardín de los sueños, aquellos que precipitados, dibujamos creyendo ingenuamente que el mundo estaba a nuestros pies, sin pensar en ese mañana trágico y nostálgico, en que la vida separaría nuestros destinos y me convertiría en un ser de esperanzas tardías, y aún pareciendo imposible, esas esperanzas siguen intactas, esperando cumplir la promesa que te hiciera hace tantísimo tiempo, tanto que ya ni recuerdo, !Hace ya tanto que dejé de contar…!


Te busqué en otra piel, en otro lugar, en otro espacio, te busqué desesperadamente intentando con todas mis fuerzas, que aquellas sensaciones que sólo tú supiste despertar volvieran a aflorar en mí; hasta que un día cansada y agotada abandoné la lucha con la certeza de que nadie, nunca jamás, podría ocupar tu lugar, pero con la esperanza de que mi promesa tendría algún espacio en este tiempo, de que allá en la eternidad nos volveríamos a encontrar. Resignada viví la vida que este mundo me regalaba, construí mi hogar, habité esta casa, jamás puede dejarla, aquí donde tu alma y tu aroma sigue impregnando cada rincón, aquí donde me hiciste tuya por primera vez, y donde a menudo me concedo el capricho de visitar el desván, ahora polvoriento y olvidado, pero donde nuestros cuerpos desnudos siguen fundidos en una sola piel, en un solo ser. Y ahora tras la ventana sigo viendo tus hullas, aquellas pisadas misteriosas que siempre te delataban y me conducían hasta detrás del viejo sauce, donde nuestros besos furtivos escapaban revoloteando a nuestro alrededor, donde tus manos cogían las mías y quedaban atadas con la fuerza de un imán, donde tus brazos me encadenaban como enredaderas que se adhieren a la piel regalándome las más tiernas de las caricias. Aún puedo escuchar como si fuera hoy mismo, aquellos susurros que rompían el aire, tu respiración acompasada, tus dulces gemidos de placer, y sentir la vitalidad de tu joven cuerpo al rozar el mío. Y de tanto recordar consigo ser capaz de pintar la realidad, de transformarla empujando el tiempo con todas mis fuerzas hacia atrás, hacia aquellos días, hacia aquellas horas, donde los instantes se convertían en momentos pletóricos cargados de gotas de felicidad que empapaban nuestros cuerpos, hasta calarlos por completo.
Ruth: 22/02/10


Y aquí estoy, nuevamente solo en este vagón de tren, pero extrañamente acompañado por un cuaderno blanco que sigue sostenido entre mis manos, el cual acaricio dubitativamente mientras una idea queda suspendida en el aire a modo de revelación ecuánime que serenamente va apoderándose de mi mente y volviéndose cada vez más resistente a abandonarme, y es la idea de todos los esfuerzos por olvidar cierto pasado de mi vida, de todo el tiempo perdido en busca de la fórmula selectiva, del bloqueo de etapas, creyendo inocentemente que ello me iba a llevar a la superación de dolores, sufrimientos y traumas que revestían un yo interior que se rebelaba con fuerza contra toda aquella fuerza de destrucción de uno mismo. Pero ahora que el viejo ya no estaba, que las imágenes revividas en escasos instantes me habían llevado de nuevo al punto de partida, que habían desbloqueado por así decirlo todo aquello que ya creía olvidado, ahora me doy cuenta de con qué facilidad un ser extraño había echado abajo todos mis muros construidos a base de años de negación, de luchas bajo la tormenta, de puertas que se habían cerrado protegidas por el miedo, al amparo de falsas seguridades, y de metas utópicas y demasiado ambiciosas, tan idealizadas como inalcanzables, y es por ello que había estado tanto tiempo en aquella cuidad dormida, en aquella aparente calma que me ocultaba el universo entero. Fueron tantas las horas intentando en vano huir de aquel pasado que había olvidado escribir mi presente, mientras vivía de todo aquello que me hacía sufrir.

Ahora mismo, unas ganas irrefrenables de escribir se apoderan de mí, como ser animal de instintos naturales, busco y rebusco, entre mi modesta bolsa de equipaje algo con lo que empezar a rellenar aquel extraño cuaderno, pero desgraciadamente las herramientas anteriores también habían desaparecido, era impensable que yo no hubiera metido ni un mísero bolígrafo en mi bolsa. Por primera vez me levanto de aquel mi asiento, para rebuscar entre todo el vagón, algo con lo que escribir, pero todo absolutamente todo está vacío, neutro, como si el tiempo estuviese detenido, ni un murmullo, ni un eco, ni tan siquiera la mágica voz del silencio que tanto me había acompañado y que había aprendido a descubrir, hasta la soledad me había abandonado.
Desesperado quiero acceder a otros vagones, por primera vez en mucho tiempo tengo la necesidad de vida compartida, de relaciones interpersonales, de esencia comunitaria.

Contrariado compruebo que no hay más vagones, ni siquiera maquinista que haga movilizar a aquel tren, y desespero queriendo encontrar algo o alguien que no acabo de materializar, pero todo a mi alrededor me devuelve el eco de la nada en la que yo me he convertido.

Vuelvo a mi asiento inquieto, pensando en cómo escribir el presente sin tan siquiera una herramienta básica para hacerlo. Intento calmar la voz que susurra en mi interior que ahora grita con más fuerza que nunca, y no es solamente el tiempo perdido en borrar el pasado ajeno al presente, aún me da más pavor descubrir que yo mismo, fui quien desechó ese presente, creyéndome superior a él sin apenas pararme a descubrir lo que me ofrecía. Ahora todo lo mezquino de mi mismo se había apoderado de mí, me hacía ver con mayor claridad, con una objetividad que por primera vez había derrocado a la propia subjetividad, en la cual me había amparado desde siempre.

Y ya no sé si estoy en el punto de partida, en el punto final, o en un punto y aparte, en este viaje inflexivo que me hace enfrentarme a los cimientos que tanto había tratado de ocultar, aquellos que creía superados pero que una vez más golpean mi cuerpo atrofiado, mi alma atormentada, y hacen que comprenda que jamás los traspasé, sólo salté por encima de ellos cayendo en cada salto en un tramo de vida, sin haber construido el anterior. Y es así como mi vida ahora se compone de meras lagunas, de vagos recuerdos que hacen que todo se torne hostil y desagradable, que no me ofrecen ni la mínima sensación de haber hecho algo productivo con todos ellos. Me pregunto cómo pude querer destruir aquellos cimientos, ¿acaso puede un edificio mantenerse en pie sin ellos? Su importancia radica en ser los pilares que sostengan la estructura entera, pero la debilidad o fortaleza de los mismos depende del constructor. Soy yo mismo el que tiene que elegir a partir de esos cimientos cómo concluirá la obra, no es algo que se pueda dejar en manos del azar o terceras personas, es el momento de la acción, mi gran momento. Pero me desaliento al instante de pronunciar aquella frase en mi mente, ¿cómo reescribir nada si no tengo con qué?

Un extraño viento recorre todo el vagón arrancando de mis manos el nuevo cuaderno, escupiéndolo al suelo a varios metros de mí, haciendo que sus hojas revoloteen y que alguna de ellas se desprenda. Ese mismo viento trae hasta mis pies un extraño calendario, el cual recuerdo haber visto colgado en mi habitación, aquella madriguera que habitaba en la Cuidad Dormida. Del almanaque van desprendiéndose todos los meses uno a uno, pasando por años enteros, parece no tener fin, mientras sus hojas van esparciéndose por todo el vagón, algunas en el suelo, otras en los asientos, y una, sólo una, la del día exacto en el que me encuentro queda pegada en la ventanilla junto a mi asiento. Intento resguardarme inútilmente del viento huracanado que azota mi cuerpo, cada vez es más intenso, y poco a poco, como cobrando vida propia va despojándome de mis ropas hasta dejarme completamente desnudo y semiinconsciente.
Ruth: 12/02/10


Miradas entrecortadas, tímidas y silenciosas,
miradas ruborizadas ante el mágico acontecimiento del mirar.
Miradas coquetas, vergonzosas,
miradas de reojo lanzadas por el rabillo lunar.
Miradas, extrañas miradas,
encendidas y apasionadas;
con el brillo de la ilusión y de la esperanza.
Miradas enamoradas,
dirigidas hacia la inmensidad
de un acéano cristalino
navegado entre las aguas saladas;
miradas únicas, indescriptiblemente aterciopeladas
miradas espontáneas hacia el mar,
de unos ojos que devuelven la mirada
con las mismas miradas que le hacen soñar.
Miradas que cruzan continentes,
que se dejan envolver trazando lineas en el firmamento,
que se recrean en el eco de otro mirar
pausado y contingente.
Miradas, muchas miradas de expresión
lanzadas sin previo aviso,
que buscan el reflejo de tus ojos
de tus miradas sin condición.
Miradas compartidas de luchas eternas,
miradas con vida,
miradas que se mecen a orillas
del mar de unos ojos; tus ojos.
Miradas dulces y tiernas,
sensuales y eróticas,
miradas que marcan encuentros,
que se aferran a la vida,
que te hacen sentir en el preciso instante
en que se cruzan esas miradas.
Miradas tuyas,
miradas mías,
MIRADAS DE DOS.
Ruth: 07/02/10







El anciano encorvado que me había sobresaltado segundos antes, tomaba asiento frente a mí colocando su rudimentaria vara de caña que utilizaba a modo de bastón, a mi vera. Lo miré desconcertado, pues no esperaba que nadie acompañase mi viaje. Aquel ser peculiar y extraño me inquietaba sobremanera, más aún que los acompañantes cadavéricos, y a la vez, me producía una curiosidad innata y una sed de saber quién era y qué estaba haciendo allí. Miré alrededor y el vagón seguía completamente vacío, y me preguntaba por qué se había sentado frente a mí, quizá sólo buscaba compañía en un viaje tan incierto como el mío. Su rostro pálido mostraba el paso de los años y lo reflejaba en aquellas arrugas en la comisura de los labios y alrededor de sus ojos, y por un instante deseé que la finalidad de su viaje no fuera la misma que yo perseguía, pues iba a llegar demasiado tarde a conquistar sus sueños.

Su mirada buscó el reflejo de la mía, mis ojos se posaron en los suyos que eran grises como el acero, y en ese instante en el que nuestras miradas se sostuvieron vi pasar por sus ojos la película de mi vida, un tumulto de recuerdos que creía olvidados, momentos felices y amargos que ahora pasaban vertiginosamente en el abismo en el que se habían convertido sus ojos. Un sudor frío empezó a recorrerme la espina dorsal mientras se me aceleraba el pulso y el caballo desbocado empezaba a cabalgar frenéticamente en mi pecho.

Por fin la película de imágenes dejó de sucederse mostrando el vagón vacío y a mí en su interior, se detuvo sin tan siquiera mostrarme algo de lo que iba a ocurrir de ahí en adelante. El anciano me sonrío y de su bolsa de equipaje sacó una especie de librito totalmente en blanco en cuyas tapas podía leerse "Cuaderno de Vida", mientras extendía la mano hacia mi "Cuaderno de Viaje", aquel cuaderno lleno de soledades y frustraciones, sobre el que tantas veces había vomitado en forma de tinta, en mis largas horas en la Cuidad Dormida. No tenía intención de dejárselo leer a nadie, pero aquel ser movía mi voluntad que ya parecía a su merced, y se lo extendí. Él ni siquiera lo abrió, se limitó a guardarlo en su bolsa mientras junto a mí depositaba aquel nuevo cuaderno que había sacado momentos antes. Yo quise gritarle !No!, pero la voz no ascendió por mis cuerdas vocales, ni siquiera en forma de susurro podía hablar, quedé mudo e inmóvil ante aquella presencia.
En anciano se levantó y prosiguió su marcha hacia otro vagón, dejándome aquel extraño cuaderno totalmente inmaculado, en el que tan sólo podía leerse en el reverso la palabra "Ιωάννην" en griego, de la cual no sabía ni su significado.

Mudo y absorto quedé en mi asiento, las palabras se habían evaporado, las imágenes vislumbradas momentos antes seguían reverberando en mi mente como ecos de un pasado que jamás podré borrar por muchos intentos que haga, el cuaderno seguía sostenido entre mis manos, mientras un tenue idea recorría mi mente a modo de estrella fugaz, "Reescribir el Presente".............
Ruth: 02/02/10


Tras cinco interminables minutos, acunados por el baile de sombras de aquellos extraños seres que caminaban hacia atrás, un ruido sonoro y seco hizo retumbar toda la estancia del vagón en el que me encontraba. Por la parte izquierda vi pasar a toda velocidad un extraño tren y pude atisbar personas, muchas personas en su interior, algunas incluso viajaban de pie, pero lo que más me sorprendió es que eran personas de carne y hueso, casi sin ningún tipo de rareza apreciable a simple vista. Entonces caí en la cuenta de que quizás aquel era el tren de la Vida, aquel que yo tenía que haber cogido desde primer momento, aquel que corría a velocidad de vértigo deslizándose por los caminos paralelos de hierro, aquel que apuntaba ya su marcha muy lejos de mi alcance.

Por fin mi tren, el que yo libre y autónomamente había escogido para subirme, se puso nuevamente en marcha por los mismos caminos que el tren que nos adelantaba segundos antes, pero seguramente con muy distinto destino; absorto decidí abandonarme a contemplar el paisaje que seguía traduciendo los campos descritos por Edgar Allan Poe. Y es así, sumido en aquellas visiones e indiferente a mis compañeros de viaje, abriendo poco a poco la puerta a la resignación más absoluta, como voy cayendo en un profundo sueño, cuando parece que ya está todo hecho, cuando se jugaron las últimas cartas y cuando todo el entorno parece decirme una y otra vez, que perdí la manga.

No sé cuánto tiempo permanecí dormido o semiinconsciente en aquel asiento de aquel viejo vagón de tren, ni si quiera sé si pasaron horas o días enteros; pero al abrir los ojos vi que algo en el entorno de allí fuera había cambiado, que los marrones y ocres habían dejado paso a un extraño blanco luminoso que lo cubría todo, !era nieve! comprendí entusiasmado, - !Ha nevado!- me volví para gritarles a mis compañeros de viaje incluso a sabiendas que ni se inmutarían; aún no les había dirigido la palabra desde que subí al tren. Pero al girarme me di cuenta que allí no había nadie, que estaba yo solo en todo el vagón. ¿Habría parado el tren mientras yo dormía y se habrían bajado todos? o ¿acaso estarían en otra estancia? No lo sabía pero tampoco me importaba mucho, su ausencia me proporcionaba un extraño alivio mientras una brizna de esperanza se apoderaba de mi ser. En otro tiempo hubiese hecho una expedición por aquel misterioso tren de idas y venidas, de gente ausente y carente de significado, pero está vez preferí abandonarme a la nueva contemplación del paisaje.

Ahora el tren parecía volar por parajes nevados, me ofrecía imágenes que ya no estaba acostumbrado a contemplar, seguramente bajo el manto de nieve seguían aguardando los marrones y ocres que cubrían la vegetación infértil, pero sólo el hecho de tener otro aspecto le infería belleza natural. Debía haber pasado muchas horas desde la nevada, pues el pico de la montaña presentaba ya un extraño deshielo que me asombraba y desconcertaba, pues ante mí seguía habiendo nieve, mucha nieve, tanta que apetecía bajar y juguetear en ella. Jugar -suspiré-...., como cuando era niño, como cuando mi vida era mía propia; hacía tanto tiempo que esa simple palabra abandonada no regresaba a mi mente que casi me sorprendió el hecho de pensar en ella. Sí, me gustaba mucho jugar antaño.

Seguía inmerso en esos pensamientos infantiles, en los juegos inocentes, en las miradas ilusionadas, en las estrellas fugaces de las noches de verano durmiendo al raso de un cielo estrellado, cuando atisbé debajo de los picos de la montaña un verde luminoso que me deslumbro por completo.

¿A dónde me llevaría ese tren? ¿Y si al final no me hubiese equivocado, y si el instinto de supervivencia hubiese obrado acertadamente? De repente una mano helada sobre mi hombro me sobresalta, y al girarme le vi a él.
Ruth: 20/01/10




Recobro el aliento perdido sentándome junto a la ventanilla, cuando nuevamente el tren se pone en movimiento lentamente para ir entregándose progresivamente a la velocidad para la que fue engendrado. Siento el efecto de la inercia sobre mi cuerpo ya desacostumbrado a los vaivenes y al sutil movimiento, al que pronto voy acostumbrado cada órgano de mi cuerpo. Pierdo la vista en aquel paisaje de marrones y ocres que se aleja tras de mí, mientras fijo sutilmente la mirada en la instantánea diminuta de la cuidad dormida, que se difumina por segundos y de la cual veo emerger largos brazos, como queriendo atrapar aquel tren con el que me alejo para descubrir aquello que ni siquiera sé si existirá realmente, aquello con lo que he soñado desde el momento en que decidí no entregarme a la somnolencia general y soñar despierto, pero soñar realmente, para cubrir de vida los sueños, aquello que inútilmente traté de contar a los seres con los que cohabitaba en aquel espacio y tiempo que sin duda no era el mío, aquello que yo llamo "La Cuidad Azul" y que vagamente fue catalogado como sueños de bohemio loco.

Vuelvo a situarme nuevamente en el interior de mi ansiado tren, alejándome de aquel paisaje que me devuelve el entorno, pues es tan despreciable y miserable como la propia cuidad dormida; y es en ese preciso instante en que vuelvo la vista cuando los descubro ahí sentados asimétricamente, separados los unos de los otros por un asiento o una hilera de los mismos, con sus caras cadavéricas enclavadas en mí, y un sudor frío recorre nuevamente mi espalda para latigar mi espina dorsal. Instintivamente me observo a mí mismo, para ver si mi imagen es la misma que desprenden ellos mismos, pues allí parecen todos iguales, y con alivio descubro que yo sigo siendo yo a pesar de todos estos avatares de mundos perdidos en los que estoy inmerso; pero una duda atenaza mi mente, y me pregunto inquisitivamente cómo me verán ellos, pues igual ven en mí también los trazos de la osamenta que cubre mi cuerpo reflejando así la misma imagen cadavérica que ellos me transmiten; pero el hecho de que todos y cada uno de ellos me mire tan fijamente me da a pensar que de algún modo intuyen algo diferente en mí, algo que no es común entre todos ellos, algo que quizás hasta les infunda miedo o temor, aunque realmente el asustado siga siendo yo mismo.
Por un momento empiezo a desesperar con la idea de haberme equivocado de tren, ya que con las prisas cogí el tren que había allí detenido sin pararme a pensar cuál era ni a dónde se dirigía, pero la verdad es que el tiempo no jugaba en mi favor y quizás de haber entrado en planteamientos profundos hubiese perdido la única oportunidad que se me ofrecía. Sigo mirando sus cóncavos ojos convertidos en sendos agujeros negros, temiendo acabar en otra cuidad peor aún que la cuidad dormida, quizás la cuidad cadavérica.

Trato de huir de aquel desasosiego general mientras el tren sigue avanzando sin detenerse tan siquiera en otra mísera cuidad de la que rescatar a más personas con deseos y esperanzas de escapar de allí, mientras el tiempo sin vida sigue apoderándose del paisaje de aquel extraño viaje acabado de emprender.

De repente escucho el chirriar del tren y aquel inesperado frenazo que hace que la inercia me empuje hacia delante casi cayendo sobre el asiento delantero, mientras que a todos mis compañeros de viaje parece que aquella sacudida no les importe demasiado, como si sus cuerpos realmente estuviesen muertos siguen quietos, con la cara cadavérica vuelta hacia mí y sin hacer el mínimo movimiento. Parece que el tren se ha detenido pero las puertas no se abren como en la cuidad dormida, sigue quieto, y empiezo a preguntarme si el conductor también será uno de estos que me acompañan y me desesperan. Por la ventanilla veo pasar a la gente por el exterior, debemos estar en otra cuidad del perimundo, me asombra el hecho que de todos caminen hacia atrás, mientras cae de nuevo mi alma en picado al descubrir otra cuidad más de muertos en vida, gentes ajenas las unas de las otras, que a pesar de andar de espaldas ni siquiera se rozan.


Nervioso espero que el tren siga su curso, que me lleve a otro lugar, que mi destino sea el que soñé...
Ruth: 27/12/10


Coger aquel tren se había convertido en lo más importante de mi vida; aquella extraña somnolencia poco habitual en mí, a la que me había entregado horas antes hacía peligrar todo mi mundo, había esperado tantos largos y tediosos años a que ese peculiar tren se detuviera por escasos segundos en esta ciudad inhóspita, que no podía permitirme el lujo de que se marchara sin mí. Las agujas del reloj que durante todo este tiempo había contemplado pasando lentamente y derramando sus inútiles horas, ahora extrañamente habían tomado una vertiginosa velocidad, marcando segundos y minutos que corrían contra mí, mientras observaba el reloj girar y girar enloquecido.

Salí a la calle todavía oscura, pero como siempre repleta de seres inertes que dormitaban en cada una de sus esquinas. Los niños del parque seguían petrificados en sus columpios balanceándose a merced del viento, con sus pequeños ojos cerrados, las madres en su monótono ritual sentadas en los bancos con sus cabezas agachadas y sus miradas ancladas en la tierra infértil. Los bares seguían llenos de personas en estado de shock sumidos en la narcolepsia total, inmersos en sus mundos carentes de pensamientos, sin voluntad y vencidos por la epidemia que parecía maldecir aquel lugar.

Seguía corriendo a través de calles donde la cuesta abajo se convertía en callejuela empinada por la que me constaba ascender, mientras las luces de las aceras se apagaban en el momento justo en que necesitaba que me alumbrasen, para luego volverse a encender tras de mí. No entendía que extraño efecto estaba teniendo aquella cuidad sobre mí, se me escapaba el por qué aquellos parajes no querían dejarme marchar, no entendía que con todo lo que había maldecido sus lugares y sus gentes no me facilitara ahora mi marcha en la búsqueda real del significado de mi vida, y que esa tierra, y esas calles y esas aceras, se comportara ahora como madre parturienta incapaz de seperarse de su hijo maldito. Atónito contemplaba todo aquel paisaje en mi huida, sin llegar a comprender su sentido ni significado.

Mis pies ligeros empezaban a pesar cada vez más, las fuerzas parecían diluirse por mis brazos para escaparse por la punta de los dedos, la voluntad, tan fortalecida durante todos aquellos años, parecía dispuesta a abandonarme justo cuando más la necesitaba, y la buscaba en mi interior desesperadamente mientras los interrogantes de lo vivido azotaban mi cuerpo de manera gradual.

Del cielo empezaron a desprenderse unas minúsculas gotas que presagiaban el llanto al que el firmamento iba a entregarse. La mágica sensación de la lluvia sobre mi cara pareció despertar los sentidos que habían decidido abandonarse a aquel sueño infinito y mortal que tanto me había costado apartar de mi vida mientras todos los demás se rendían a sus pies. Agradecí la bendita lluvia purificante que ya me bañaba hasta calar mis huesos.

Corrí aún más en busca de aquel tren del cual había perdido las coordenadas exactas, corrí enloquecidamente como si fuese lo último sensato que haría en mi vida, corrí hasta que mis pies parecieron volar por un asfalto polvoriento del cual quería escapar y que parecía lleno de grasa de motor que me adhería al suelo del que quería huir. Y vi el tren en movimiento, lo vi ecplisándome por su belleza, lo vi fundiéndose en los caminos de hierro, pero no sabía a ciencia cierta si llegaba o se marchaba, y corría tras él aún a sabiendas que de haber partido ya nunca pararía, y llegando a golpearlo con toda mi fuerza, con toda mi rabia, porque en él se escondían mis sueños e ilusiones, mi vida lejos de la cuidad dormida.............


Unos intensos pitidos anunciaron el cierre de las puertas mecánicas tras de mí.
Ruth: 24/01/10

Si no me vas a leer no hace falta que te pongas en la lista...

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Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea, es mejor que no pensar....... HIPATIA DE ALEJANDRIA

GRACIAS JOSE ALFONSO

A Ruth Carlino (Viajando al desierto) .6 de Septiembre .Festividad de Ntra. Sra. de las Viñas .

"Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Se paga al nacer, peaje
y todo es peregrinaje,
cada cual con su bagaje
en pos del cierto accidente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Trenet de feria es la vida.
Bien a la vuelta o en la ida,
sobre raíles se olvida
que no es cierto lo aparente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Llega el otro y marcha el uno.
El de acá es más oportunoque el de allá,
no habiendo alguno.
Todo igual es diferente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Quién soy yo; por dónde voy;
cuál será mi destino hoy,
me pregunto, por qué estoy
si al estar, vivo en pendiente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente".

Jose Alfonso.
http://callejadelahoguera.blogspot.com/