
La marea trae hasta la orilla de esta playa desierta las huellas de tus pasos cansados, y aún pudiendo percibir tu esencia, sigues sin estar aquí, sin darme las señales de vida que yo intuyo que posees.
A veces creo que te tengo al alcance de mis dedos, que casi puedo rozarte, acariciarte, susurrarte al oído; a veces tu presencia parece tan real que empiezo a pensar que me abandoné a los brazos de la locura absoluta, que traspasé los límites de la imaginación al igual que hiciera Pigmalión con su amada Galatea.
Y a veces, solo a veces, noto tu respiración tras de mí, en el lado de la cama que queda vacío, y en esas noches, no sé si te sueño o te imagino, si estás o no estás, si te tengo o me pierdo, cuando noto tus brazos agarrarme con fuerza, cuando son tus dedos los que recorren mi espalda jugueteando con caricias que parecen traspasar cada poro de esta piel que ansía ser bañada por tus besos, ser cubierta por la envolvente sensación de tus juegos perversos, en los que me haces tuyo sin remedio, tomándome y desposeyéndome de toda razón para llevarme por esos mundos mágicos que pinto y recreo cuando tu presencia domina mi mente y me hace creer a ciencia cierta que estás ahí, justo tras de mí....
Y es entonces, cuando pretendo inútilmente dominar la situación, cuando despierto en mitad de la noche, y te busco en ese preciado lado de la cama donde ya no estás; y aún teniendo las imágenes grabadas, y aún haciendo un sobreesfuerzo gobernando a mi imaginación, tu esencia, tu figura, tu tacto, tus caricias, tus besos se esfumaron en tan solo un instante, evaporándose en mitad de la nada, dejándome en la más absoluta soledad, perdido, desorientado, muerto; sin más vida que la de los órganos vitales que siguen su curso con el movimiento cíclico que da vida al ser biológico, que queda carente de significado sin ti.
Quisiera volar hasta ese mundo en el que habitas, allá donde los sueños y la fantasía cobran vida, allá donde poder tenerte sin el miedo a tu huída, sin el temor de tu ausencia, sin la frustración del abandono; y sin embargo sigo recorriendo senderos imaginarios que apenas llegan al linde de tus abismos, que no son más que espejismos que se difuminan en un instante y que me sumergen en un océano de melancolías y nostalgias; de añoranzas que apenas consiguen ser contenidas por este cuerpo, que a veces, solo a veces, tomas prestado para hacerlo tuyo y que luego devuelves de forma despiadada arrojándolo a una cama húmeda de sábanas frías, donde no queda nada salvo mi propio abismo.
Ruth: 26/4/10