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Hace tiempo que dejé de pulular por los mundos de apolos y atheneas...........................................................
Hubo un tiempo en que ese mundo se abrió para mí; su gran portal blanco y luminoso me invitó inocentemente a atravesar el umbral y me dejé absorber por él, me dejé llevar infinitamente, dejé que toda esa fantasía me envolviera por completo hasta que mis pies se despegaron del suelo y volé.................... volé por ese mundo acercándome a sensaciones que jamás había sentido, descubriendo hasta qué punto podía llegar mi locura. En aquella efímera aventura aprendí que jamás uno llega a conocerse a sí mismo del todo o completamente, que siempre somos capaces de asombrarnos a nosotros mismos. Aquellas sensaciones de vértigo hicieron de mí un ser dependiente, completamente abandonado a merced de sueños y fantasías utópicas. Pero llegó el duro momento en que la cruda realidad golpea con fuerza, sentí ese puñetazo en la boca del estómago que hace que se te corte hasta la respiración, que seas incapaz de mantener la verticalidad de tu cuerpo, que acaba derrumbándose con el estoque final: ese puñal clavado en el órgano galopante que daba sentido a cada instante desde el momento en que decidí traspasar la frontera. Y entonces, en aquel mismo instante, todo aquel mundo desapareció dejando solo abismo envuelto en negrura, donde antes había cuadros abstractos destellantes de luces blancas y luminosas ahora sólo quedaba reflejo de sombras en mitad de tinieblas, donde en otro tiempo fugaz había sensaciones dulces e infantiles ahora solo quedaba dolor sumergido en un vago resentimiento, donde había inocencia sólo quedó culpabilidad, donde había una persona ahora había otra distinta, más intensa de lo que jamás había logrado ser, y a la vez, paradójicamente más dueña de sí misma y más libre.
Ahora ese mundo que dejó huellas imborrables y cicatrices medio sanadas, ha vuelto a ponerse ante mí, ha querido sin querer volver a atraparme, aunque más sensato sería decir que yo misma fui quien quiso asomarse de nuevo por una pequeña ventana mágica, pero ni que decir que ese mundo ya no es el mismo. No me perdono la flaqueza ni el error de poner adoquines sin cemento, y aunque no me arrepiento de nada tampoco me perdono nada, absolutamente nada. Aprendí las lecciones duras de la vida en la caída en picado, y aunque no sea el mejor método de aprendizaje debo reconocer que es el más efectivo............................................................


Ruth: 21/7/10
Imagen: Getty Images

Dudo un instante si seguir con este ritual que ya se me antoja estúpido, o abandonarme a la mediocridad tratando que mis días pasen sin más componiendo un calendario obsoleto de días, semanas, meses y años. Me pregunto constantemente de qué sirve golpear una pared de hormigón cuando mis manos amoratadas ni tan siquiera son capaces de hacer una mínima fisura, cuando el otro lado se percibe aún demasiado lejos, cuando ni una brizna de esperanza parece reflejarse en este espejo que tan solo me devuelve una imagen que ni siquiera se parece a mí misma. Y lo miro o me miro ahí, sin encontrar sentido a todo esto, pensando en lo fácil que sería dejarse llevar por la misma vorágine que los demás, abandonarse aunque solo fuera un instante y dejar que la marabunta me arrastrase por los mismos caminos que andan la gente corriente, sin preguntarse nada, dejando tan solo el cerebro en stand-by, poder llegar a ser un encefalograma plano; sin miedos, sin dudas, sin expectativas, sin sueños, sin metas, sin intentar trascender, sin querer participar, sin tan siquiera querer comprender. Ser ave de paso de una vida que se recorre en puntillas, casi sin dejar huella. Y me lo propongo un día, y otro, y otro más, y me pongo el mismo disfraz que visten esos extraños habitantes que pululan a mi alrededor, e intento con todas mis fuerzas parecerme a ellos, hacer las mismas cosas, acudir a los mismos sitios, hablar de los mismos temas intranscendentes, incluso intentar hacerme creer que son interesantes; pero en cada una de estas acciones sigue habiendo una vocecita allá mar adentro que me sigue torturando, e intento acallarla llenando mi vida de muchas más acciones cotidianas de las que todo el mundo es presa, pero es una voz demasiado chillona que aunque tenue sigue ahí, y lo peor de todo es que esa vocecilla me resulta familiar, es como la de una niña marisabidilla que sólo sueña con comerse el mundo, y me sigue gritando pese a la intensidad con la que quiero acallarla por completo, y aunque rebusque en los entresijos de mi conciencia para amordazarla sigue y sigue preguntando qué hago, por qué la abandono, por qué he dejado de luchar por ella..... Y cuando acaba la jornada, después de invertir todas mis fuerzas haciendo lo mismo que hacen los demás, después de no poder acallar la voz de mi conciencia ni un solo segundo, me doy cuenta, de que estoy tremendamente cansada, mucho más agotada que cuando nadaba contracorriente por intentar ser yo misma.....


>Ruth:31/3/10


Cae la noche espesa con su manto gris, cae a plomo sobre mi cuerpo mojado, y noto como esta lluvia de asteroides zigzagueantes me alcanza sin llegar a tocar ni una sola de las fibras que envuelven este todo que sigue latiendo sobre la tierra húmeda, adherido con fuerza a ella, sumergido en las dos partes que forman nuestras raíces: la tierra y el agua; mágica disolución de enigmas que el progreso no llega descifrar. Cae esa noche con sus millones de estrellas que no colisionan, ni hieren, ni matan, solo se hacen presencia en el contacto con el ser humano abandonado a un presente, desposeído y neutro, renovado y purificado. Me dejo abrazar por esa noche y por la mágica sensación de saber que el aquí y ahora es lo que realmente importa, de poder parar en seco y divisar las huellas perdidas que quedaron atrás, unas huellas que dejan escasas pinceladas en el lienzo de una vida, pero que aún así forman parte de nuestro legado, de nuestra historia personal, y que ahora se entregan en una noche que nostálgica y melancólica se derrite para hacerse agua, para hacerse tierra, para fundirse en un único ser que silencioso y taciturno se entrega por completo. Y ahora un mar blanco invade mi mente, se disipó la niebla transformando el cielo gris en un firmamento espeso de cortinas blancas como jamás lo había divisado anteriormente, sintiendo estar en tierra de nadie cuan náufrago a la deriva sin llegar a zozobrar. Y extrañamente la tranquilidad de esta noche inmensa me proporciona la paz que se percibe al terminar la lucha, aún sin saber si gané o perdí, si fui vencedor o vencido, pero que me ofrece la ligereza de los músculos cuando dejan de contraerse. Esta noche hace que la tensión salga a raudales de un interior yermo, y tan solo deja infinita lluvia derramada sobre mi rostro, sosegadamente, pausadamente...
Ruth: 24/3/10

Canibalismo en Otoño (Salvador Dalí)


Sales como rata de tu madriguera, trepando por las acalcantarillas, arrastrándote por el cemento gris y polvoriento, recorriendo cada una de las aceras que otros pavimentaron. Surcas con tu olfato cada esquina, cada rincón, cada minúscula partícula que te lleve tras el rastro de tu presa, aniquilando la envoltura de los adoquines trazados sobre el asfalto desdibujados por tus agrietadas garras sanguinolentas..........
Huyo, corro, tropiezo, caigo, a gatas trato de salir de este callejón sin salida, desprenderme de tus garras, de tu fortaleza que aprisiona mi cuerpo, de tu mirada consumista que trata de devorarme en este preciso instante, te veo acercarte con tu baba goteando sobre mis pasos cansados, trato inútilmente de levantarme, de recobrar la compostura, no quiero rendirme, no quiero que me engullas convirtiéndome en un ser como tú, no quiero dejarme llevar por este cansancio que me atenaza, que me pide agritos que abandone esta inútil lucha que mantengo conmigo misma; aún así consigues acorralarme en este rincón y que la fría pared me envuelva con su humedad, haciéndome temblar de miedo, sintiendo como el pulso se me acelera y como el corazón palpita con fuerza ante el inminente ataque. Siento miedo al percibir el nauseabundo hedor que desprendes y que me hace saber que estás cerca, tan cerca que ya puedo olerte y quedar impregnada de tu peste maldita; tus enormes zarpas consiguen desgarrar la parte superficial de mi ser indomable; me hieres con la esperanza de guardar bajo llave mi alma, esa que tanto ansías y que desesperadamente quieres hacer tuya. La sangre se esparce mientras un dolor frío recorre mi espina dorsal para penetrar en mis entrañas, noto ese gemido de mis gritos ahogados que no parecen ser escuchados, pues ya no quedan almas vagantes en este lugar, sólo seres inertes que de algún modo ya hiciste tuyos. Lloro amargamente sintiendo como mi cuerpo desfallece en la angustia que trepa por mi estómago para perderse en unos vasos sanguíneos dilatados, pero aún así, yo sigo sin quererme rendir, sin someterme a tus deseos caníbales, sin darte tregua ni respiro, pues quiero creer que mi alma sigue intacta por mucho que tus garras sigan aprisionando mis carnes, jamás mi esencia será tuya, pues mi “yo” quiere volar libremente por un cielo que tú, bestia inmune, eres incapaz de atisbar; podrás quedarte con este cuerpo que tan solo es carne que poco satisfará tu apetito voraz, pero aquello que soy, aquello que llevo dentro, aquello que me da la vida, mi último aliento, jamás será tuyo aunque irónicamente creas haber vencido. Dibujada queda en mi rostro una leve sonrisa que es el reflejo de tu perplejidad, aquella que ni entiendes ni entenderás, mientras mis órganos vitales lentamente se apagan y consigo dejar de escuchar tus voces de ultratumba, me alejo del charco de sangre que dejaste bajo mi cuerpo, vuelo libremente lejos de ti, de tu vorágine interna, que inútilmente se contrajo al creerte poseedor de algo que no te pertenecía: mi libertad.

(Y sé que tras de ti hay mundo, el mundo que me está esperando, el que tengo que conquistar, aquel cuyo mapa tracé en mis sueños, aquel que un día acariciaré con la palma de la mano abierta cuan arco iris que sale tras la tormenta, y tú quedarás atrapado en ese espacio de cristaleras, mirando desde dentro pero sin ver, gastando tu oxígeno sin respirar aire puro, consumiendo lo consumiblemente mediocre, ahí quedaras encerrado en tu palacio de cristal soportando los vientos de las modas, cambiando como el camaleón con tu vestido de camuflaje, pero sin conseguir jamás ser tú mismo, y yo desde el exterior, desnuda y sin disfraces ni máscaras, te haré burla, porque una vez me hayas desgarrado por completo, cuando creas que ya no puedes sacar provecho de mí, sé que me dejarás tirada en este mísero callejón, y desposeída de todos esos disfraces que me ofreciste y que yo conscientemente me puse creyendo así que iba a contentar a la bestia, que iba a frenar su ataque sin saber que lo que realmente necesitaba era ese desgarro interno que hace tambalear ahora mi mundo y que me libera de tus garras prisioneras de modas superficiales y de estandartes banales).
(Gracias Dani, por ayudarme con mis vómitos, tú ya me entiendes).
Ruth: 21/3/10


Es el mundo de las falsedades, hipócrita y cruel, el que me tiende enloquecido sus brazos para transformarme en un ser más, acunándome con viejas canciones de cuna obsoletas, desgastadas por el tiempo, rancias y motónonas. Es ese universo, del decir por decir, del decir por quedar bien, de decir sin decir nada, donde lo dicho se evapora como gas venenoso y mortal, y como niebla asciende hacia un cielo gris, triste y cansado. Me ofreces a cada instante máscaras de todos los colores, disfraces de ensueño y un recopilatorio de frases banales, sin sentido e insignificantes, para que una vez memorizadas las vaya soltando por doquier. Me hablas de mundos perfectos inmersos en ideales de bellos "avatares", de mundos que una vez sumergida en ellos sólo son destellos de miserias contenidas, de "yos" sin sentido, de espectros ambulantes.
Guárdate tus espejismos de días soleados porque a mí me gusta la lluvia, me gustan los charcos, chapotear en ellos hasta calarme las rodillas si es necesario; caer, levantarme, tropezar, volver a caer, hundirme en mis miserias y resurgir como el áve fénix; perderme, buscarme, reencontrarme y abandonarme. Me gustan mis mundos, mis extrañas fantasías, mis cosas raras que jamás lograrás entender.
Disfraza a otros con la sutileza de la hipocresía, a aquellos que tanto les agrada aparentar y alejarse de sí mismos en aras de modernidad, aquellos que ansian parecerse al resto, pero no me vengas con falsas promesas, con ideales ilusorios, con mentiras y engaños para adornar mi vida, porque no pienso sucumbir a tus caprichos, ni pertenecer a un mundo de tantos. No me exijas certificados de humo envueltos en bancos de niebla que sólo hablan de estupideces banales; exíjeme locuras que me hagan tocar el infinito de mis sueños, que me hagan estallar como un volcán en plena erupción, que me hagan sentir el Big-Bang que anucia el orígen de una vida nueva.
Así soy.
Así quiero ser.
Así quiero pertenecer.

"EL ENIGMA (SALVADOR DALÍ)"

A los de afuera de la muralla, podéis seguir ahí tranquilos, permaneced en vuestra posición expectante, el circo continua, la película no acaba, siempre habrá algo nuevo que ver y contemplar, que criticar, algo de lo que seguir compadeciéndose, algo que os haga reír, lo que nunca habrá es algo que os haga llorar, de esto estoy bien segura. Hacéis bien en mantener esa posición diplomática, no os ensuciéis las manos, no merece la pena. Seguid siendo espectadores, no os molestéis en ser partícipes, es demasiado doloroso, demasiado quebradero de cabeza, demasiado tiempo el requerido para tal acción, seguid complacientemente ahí afuera, a la distancia que os he otorgado, no os acerquéis ni a mirar por la rendija, no busquéis ningún minúsculo agujero, dejad pasar el tiempo, mi tiempo, vuestro tiempo. Prometo seguir tratándoos con cordialidad, con educación, con mis buenas maneras, pero en la distancia. Cada cual que se amolde en su sitio, hay quien estuvo ahí desde siempre, hay quien llegó a entrar y ahora está a la misma altura que vosotros, no le interroguéis, no sacaríais nada en claro. Nadie, jamás, sabrá exactamente, realmente, a ciencia cierta, lo que hay detrás de la muralla o dentro de ella. Una vez más, vuelvo a marcar la distancia, vuelvo a cerrar la única puerta que abrí, vuelvo a mi interior, a mis rarezas, a mi mar, a mi océano del que nunca salí y al que nunca tendría que haber dejado entrar a nadie. Las presas vuelven a cerrarse mientras sé que vuelvo a desvariar, vuelvo a cometer los mismos errores, vuelvo a suplicar benevolencia, mientras todos seguís con vuestras vidas normales, ajenos, solo merecéis mi indiferencia. Pero aún así vuelvo a pensar, vuelvo a preocuparme, os saco el hilo conductor para escuchar todos vuestros problemas cuando los tenéis, vuelvo a estar ahí en la distancia, pero ahí prestándoos la atención que no merecéis. A todos vosotros, a los de afuera, a los inmóviles y a los osados que por curiosidad consiguieron asomar la cabeza, (estos son los peores pues me llegaron a defraudar tanto), quedaos quietos, no os mováis, me harté de vuestra diplomacia, de vuestra indiferencia, de vuestra actitud, de vuestra arrogancia, no servís ni para dar malos consejos, ni en eso os esforzáis, autistas, mis queridos autistas de ahí fuera. Una lista sube y otra baja, pero aquella ya no puede bajar más mientras la otra puede subir y subir, hasta cifras inalcanzables. Y detrás de la muralla, lágrimas furtivas, soledad, frustración, desesperación, desolación, y de nuevo vuelvo a estar en la encrucijada de varios caminos que se entrelazan ente sí, mientras yo quedo sola en el centro, alejándome de mi centro de gravedad, alejándome de todo, abriendo un poco más lo ojos a la cruel realidad que ni siquiera sé si es la realidad misma o la distorsionada una vez más……………………
(Dedicado a todos aquellos que tanto me defraudaron).
Ruth: 15/01/10




No quiero perderme en la ausencia de tu presencia infinita cuando no te tengo; no qiuero perderme en el recuerdo de lo vivido cuando al final de mi sueño me golpea el látigo del olvido, no quiero dejarme llevar por el aroma que desprenden tus letras ni por la fragancia de tus palabras en mi oido. Pero aún queriendo evitarlo te haces presente en medio de mis abismos;
Escucho de lejos el eco de tus susurros de atardecer llamándme como las sirenas de Ulises, y aunque no quiera obedecer a esas extrañas influencias, aunque me niegue en rotundo a seguir tus pasos, mi voluntad flaquea, y la estrella que brilla allá a lo lejos sobre el horizonte me empuja, como el mósquito que sigue la luz infinita aún a sabiendas que moriré de nuevo antes de poder atisbar tu figura esbelta. No quiero pero no puedo evitarlo, esta es la condena por deambular entre las sombras, por tentar al juego inocente, por dejarme arrastrar por la melodía del flautista de Amelín, por seguir escuchándo aún cuando no quiero perderme...



Lo volviste a hacer una vez más, esa extraña sensación de darle vueltas a la noria de coral, de empujarla con la mano para que corra más deprisa, sin dejar que sea el propio tiempo quien la ponga en movimiento en su justo momento. Y ahí está de nuevo la niña chiquita del vestido color de rosa, con su frágil inocencia creyendo que puede manejar el universo a su antojo, forzando cada momento y sumergiéndose en él hasta creerlo realidad; y una vez más tropieza con esas piedras de colores que ella misma pinta, en las cuales cree y pone toda su fe, incluso les da nombres y cree que realmente algún día tomarán vida propia, cuando las piedras sólo son piedras y en muchas ocasiones sólo trazos en los que tropezar para posteriormente caer.
¿Pero qué esperabas?, ¿por qué no aprendes de los errores del pasado? ¿por qué vuelves a pintar piedras? No es que la vida te las ponga por delante, es tu predilección por ellas. Siempre dijimos, pequeña niña, que las caídas nos ayudaban a madurar, pero por mucho que me lo niegues, por muchos esfuerzos de autoconvencimiento que te hagas y me hagas, siempre vuelves a tener escondidas e intactas esas esperanzas e ilusiones para con las dichosas piedras, y en cuanto aparece una nueva te vuelcas a por ella sin escudo ni protección, sin armadura ni disfraz, y una vez más, sin intentar protegerte, creyendo que esa piedra es única, especial, pero en realidad es como todas las demás, no existen las piedras especiales, ni tú misma eres una de ellas, porque si lo fueras no actuarías de un modo tan irracional.

Y ahora vuelves ante mí, cansada y ojerosa, con tu vestido de color de rosa manchado de barro y las lágrimas deslizándose por tu rostro, y una vez más te veo arrodillada en el suelo flagelándote por la inevitable caída; ¿Y qué se supone que tengo que hacer? Lo de siempre, lo sé………….


Los fantasmas espectrales se tambalean ante mí, uno a uno van haciendo acto de presencia. Viejo vals de baile de máscaras que zarandean mi alma y me conducen a la desesperación. No me asustan, llevan ahí toda una vida, y quizá yo ya no sabría vivir sin ellos. Pero llegan ahora, justo en este momento, siempre se hacen tan presentes en esta época, que ya la temo por costumbre. Ellos van saliendo poco a poco de todos y cada uno de mis rincones, abriendo los viejos baúles que los encierran, y consiguiendo hacerme recordar lo que yo no recuerdo que recuerdo; ahora esas imágenes vagan por mi mente de un lado a otro, nítidas, nunca borrosas, como recordándome que aunque finja que no están ahí forman parte de mis recuerdos. Recuerdos de un pasado que nunca se va a borrar por muchos intentos que yo haga. Recuerdos de vidas marcadas, de existencias rotas, de intentos desesperados por sobrevivir. Y el análisis siempre es el mismo, incomprensión. Incomprensión que ya no merece la pena ser comprendida.


Y por esas cosas de intentar recoger los pedazos rotos, de querer preservar esos trocitos diminutos de espejos con reflejos reconocidos, queridos, sigo teniendo problemas. Pero esos pedazos me pertenecen, quizá no de la manera que tendría que haber sido; pero son míos, y no puedo dejar de atraparlos al vuelo aunque estén rotos y me estén cortando las manos. Son pedazos que forman vidas que están unidas a la mía y que por algún juego del caprichoso destino quedaron hechos añicos; tan dañados como lo estoy yo ahora.


Fantasmas espectrales, bienvenidos seáis, uniros a la fiesta, que acaba de empezar.

Susurra el alma que no encuentra consuelo, perdida en tus ojos; en ese mirar ausente y sintético, del que mira pero no ve, del que oye pero no escucha. Y busco en ese imperturbable muro la chispa de la vida que yo siento que late; pero tú sigues distraido, en busca de algo que no llego a discifrar, navegando en interminables mares alejados del puerto. Y te miro, y te grito, y hago aspavientos con mis frágiles brazos, pero aún así, solo encuentro reverberado el eco de mi propia voz y ese viento recio que golpea con fuerza el minúsculo cuerpo que tiende a desmoronarse. Y ese mar que ruge despavorido, con su frenético vaivén de olas muertas, me grita que me largue, que abandone la infructuosa búsqueda, que desaparezca de la vista de esa playa, mientras las gaviotas acechantes a mis pies buscan algo de alimento en las lastimeras rocas de sueño tardío. Y tu minúsculo barco de papel se divisa tan lejano, tan perdido, tan fuera de mi alcance, que temo que mis afónicos gritos nunca lleguen a ser oídos más que por este extraño entorno que me rodea, que me aprisiona y que me impide salir a la mar en tu búsqueda.

Pierdo la vista en el horizonte, justo cuando empieza a caer la tarde y mi mirada es alumbrada por esos tenues rayos de sol, que vergonzosos y tímidos buscan su escondite para dar paso al abismo y al caos de la noche más oscura.
Sigo aquí, sentada en nuestra orilla, en la playa de nuestras vidas, esperando tu dulce compañía, divagando mientras siguen cayendo las horas muertas que se esparcen y se funden, difuminándose en el tiempo.

Tus manos frías cogiendo las mías,
cuando el sol languidece en el horizonte.
árboles desnudos contemplan el paisaje
mientras tus pupilas, que me atraviesan
lanzan gritos de desesperación.
La vida se pasa en un suspiro,
dejando atrás paisajes de hambre y penuria,
plagas y pestes, muerte y desolación.
Estrellas rojas de siete puntas
alumbradas por lunas amarillas
en una oscuridad abismal,
donde ya no hay oxigeno
donde ya no hay vida.


Ante mí, la interminable escalera de Pessoa, con sus peldaños grandes, inestable y crujiente, con su incomoda barandilla floja que hace mecer la estructura entera. Intento mantener el equilibrio, pero termino subiendo casi a gatas; me fallan las fuerzas, me acurruco casi en cada escalón tiritando de frío, de ese frío interno que cala los huesos; inevitables sollozos de alma atormentada, en cunetas que se pierden en una vida sin valles frondosos.

Sólo poseo un cuaderno de viaje, lleno de anotaciones de soledades y tristezas. No me atrevo a mirarlo, pues los recuerdos duelen y hacen que todas aquellas sensaciones recorran mi cuerpo mientras una lágrima evaporada pende de un hilo, de ese hilo de la sensibilidad que aflora por instantes saliendo a la luz de un mundo que se tercia oscuro, rodeado de tinieblas, inerte en mitad de horas muertas.

El vuelo de una mariposa negra aleteando cerca de mí me recuerda que de algún modo algo sigue vivo, que aún hay vida en mitad del caos en el que se desenvuelve la locura que me hace girar sobre mí misma, como el mundo gira día tras día, y los suspiros arrancados del fondo del alma vuelan deslizándose por la estructura metálica del esqueleto de la escalera por la cual navego con o sin rumbo, perdida a la deriva entre crujidos y telas de arañas, cuyas propietarias ya hace tiempo abandonaron sus telares en busca de lugar más seguro.

Peldaño a peldaño siguen pasando los segundos vacíos y ausentes de recuerdos poseidos por fantasmas del presente y del pasado, del todo y de la nada que se postra ante los rellanos de esta interminable escalera que me conduce hacia dios sabe donde..............


Quiero que me acompañes en esta noche tranquila y apacible de desierto; nos sentaremos sobre la Duna Mayor, observando el lejano horizonte, allá donde se pierde la vista bajo el inmenso cielo, allá donde las estrellas fugaces corretean, se persiguen unas a otras, desenvuelven mágicos juegos; allá donde se desdibuja la linea que separa el firmamento de la arena blanca. Quiero que me acompañes sin más pretensión que compartir nuestro tiempo en este preciso momento en el que el reloj parece girar en sentido contrario, ahora que las horas parecen descolgarse descaradamente cayendo una tras otra hasta formar tan sólo una arimaña de números inconexos a nuestros pies. Quiero que me acompañes, a sabiendas que no puedo retenerte, que tus alas siempre volarán más alto que las mías, que tus sueños siempre andarán más allá en el tiempo y en el espacio y que surcaras distintos cielos a los míos. Quizás el cielo siempre es el mismo, pero con diferente tonalidad.

Y tú, que a veces eres yo, despiertas a otra realidad mucho mayor para la que pensaste fuiste creada, y miras el mundo con ojos nuevos y una perspectiva que jamás hubieses imaginado. Y nos enfadamos, sí tú y yo; porque yo quiero retenerte, quiero aferrarme a lo cotidiano a lo conocido, y me asusta sobremanera eso nuevo que tu percibes, que describes con tu mirada, que ansías mientras reparas tus alas rotas para emprender nuevamente el vuelo, para escapar del "yo" encarcelado, para surcar nuevos y más interesantes desiertos.

Pero esta noche quiero que me acompañes, que te quedes, que te reconcilies conmigo o contigo, porque es de noche, porque hace frío, y porque te necesito, al fin y al cabo tú y yo siempre fuimos una, y quizá nunca dejemos de serlo.


Cada día empieza una nueva vida que nunca acaba de materializarse. Proposiciones, nuevas intenciones, planes a corto, medio y largo plazo, incluso promesas que quizás no tengan ni la oportunidad de ser cumplidas. Cada día una nueva puerta se abre pero parece ser que no pasamos del umbral. Miedo o cobardía, cansancio o frustración, desilusión, falta de esperanza; ¿qué es lo que nos lleva a no salir del punto de partida? No lo sabemos.
Pasillos interminables en donde escribimos en las paredes, granitos de arroz que vamos dejando para no perdernos, luces fugaces en medio de la nada, la más absoluta oscuridad, la desolación de un cuerpo atrofiado, incapaz de moverse, da dar un paso más allá. El caos de la noche encarnado en uno mismo, encerrado en nuestro interior incapaz de salir. Y a pesar de todo, la vida sigue, los días van pasando como en una pantalla multicolor o en blanco y negro; no es que nos importe mucho. La vida sigue su ritmo frenético en el cual todo se sucede a una velocidad de vértigo. Masificación de información que llega de todas partes, saturados hasta las entrañas, bombardeados, cansados, sin respiro, sin calma. Todo pasa y pasa rápido y a veces no hay ni tiempo de asimilación. Y todo a tu alrededor te grita que te muevas, que corras, que espabiles, pero tu no quieres, tú sólo quieres detenerte, parar sin más. Vidas que se cruzan, vidas que chocan entre sí, vidas que te marcan, y al final ¿qué podemos decir que queda de todo? Tú y tus preguntas raras, tus cosas extrañas para los demás, tus ideas diferentes, tus pensamientos “anormales”........y te sigues preguntando dónde está la frágil linea que separa lo normal de lo anormal.



Te esperé como un chiquillo, con el alma en vilo, aferrado a la esperanza, ilusionado, con la persistencia inocente; inmóvil, quieto, sin apenas pestañear por si aparecías fugazmente y se perdía la vista. Así te esperé hasta bien entrada la noche, hasta que el frío se hizo insoportable, hasta que la voz de la esperanza se fue apagando en un tímido susurro. Hasta no entender, el por qué de las cosas, el por qué de la dependencia, el por qué de tu ausencia. Aquellos que pasaban junto a la fuente miraban con sonrisa burlona, tampoco entendían el por qué de mi por qué. Exhausto, regreso a casa aunque el camino esté parcialmente cubierto de sombras y oscuridad. Las farolas de la calle no se llegaron a encender a pesar de haber caído la noche. Te esperé y observé, pensé y medité, pero no hallé el por qué.

Lágrimas partidas, sordas e inmunes, lágrimas que hablan de soledad, de miedo, de frustraciones, de deseos no concedidos, de angustia, de cobardía, pero que lo hacen de forma sorda; lágrimas afónicas, que ni salen ni entran, lágrimas que se quedan retenidas por la conciencia y el decoro, por el pudor; y que con ello vuelven al interior del ser transformadas en torrentes de dolor, que inundan el cuerpo atrofiado, que lo hacen enmudecer. Lágrimas sin sentido, carentes de voluntad, lágrimas muertas antes de ser concebidas, roídas por gusanos que cercean alrededor. Lágrimas azules que destiñeron dejando en la superficie un putrefacto color negro. Ningún ojo se atreve a darles salida porque son lágrimas de muerte de esperanza, de muerte del alma atormentada, a la que ni un triste y mísero velatorio haría descansar en paz. Bajadas del carro de la vida, siguen sin rumbo su destino incierto por calles polvorientas, girando en las esquinas de lo efímero de un mundo que no para de girar. Lágrimas que siguen apostillando cada palabra en lenguas muertas, ininteligibles, desiertas, ningún esfuerzo merece la pena cuando el daño está hecho, cuando todo se derrumbó, cuando se extinguió la vegetación arrasada por el hostil fuego.

Parecía abismo, pero no lo era. Parecía miedo y desesperación, pero no asustaba ni se imponía; parecía sombra cuando sólo era luz. Parecía tormenta cuando sólo era una frágil llovizna. Parecía el fin, en cambio marcaba un principio, parecía muerte mientras era vida. Las dudas y los temores del miedo a lo desconocido hacían que pareciera lo contrario de lo que era.

Sentía aquella necesidad asfixiante de destrucción de todo cuanto había construido a mi alrededor; en cambio, sólo era la antesala de lo que vendría después, era necesario destruir todo para construir de nuevo. Tardé en darme cuenta, el miedo, la cobardía, la pereza, se habían convertido en esos aliados fantasmagóricos que cuchicheaban en mi mente a cada nuevo paso que yo emprendía.

"!Entrégate!" llamaba la voz que susurra y la mano que empuja el caminar, aún cuando te asuste el sendero, aún cuando no veas las luces depositadas en las aceras de la vida, aún cuando notes ese viento recio y fuerte que sólo viene a barrer el polvo que se depositó en las horas de abandono.

Y ahora que me levanto sobre los escombros polvorientos de aquellos pilares firmes que marcaron mi vida, ahora que avanzo a trompicones sobre espejos hechos añicos, y que el paisaje parece mortecino, ahora me doy cuenta más que nunca de lo viva que estoy mientras acaricio con mis manos los socavones de la angustia, que dejé tras la revuelta interior.

Doblando la esquina veo pasar el carro de la vida, con su luz potente, viene hacia mí lleno de herramientas y utensilios con los que ponerme nuevamente a construir. Corro hacia él para descubrir cuántos tesoros alberga en su interior, me cuesta acostumbrar los ojos a esta nueva luz cegadora, pero no desisto en mi empeño, quiero subirme a él y rescatar el pico de la esperanza, la pala de las nuevas oportunidades, la carretilla llena de proyectos y aquella vieja transpaleta que arrastra nuevos puntos de vista, cargada con cajas que anuncian los secretos para abrir la mente.



Pasó el domingo de nubes y tormentas, atípico para la época, pero que a mí me encanta; deleitada en esa agradable sensación de permanecer acurrucada en casa, dejándome llevar por esa intensa lluvia que golpea el cristal que me separa del alma del Universo, que late en la tierra, en el viento, en la incesante lluvia, y que se comunica conmigo através de ese lenguaje espectacular de la naturaleza.

Puedes escuchar a la tierra hablar, transmitir e incluso quejarse; sólo se precisa estar atento, abrir los ojos, afinar el oído y dejarse llevar por esas sensaciones que embriagan el ambiente. A menudo escucho el eco de su voz a través de la lluvia, del chapoteo de los charcos, del crujir de las ramas de un árbol mecido por el viento, en el peculiar sonido cuando hundes el pie al caminar por el barro o por el parque, cuando escuchas el gorjeo de los pájarillos cruzando el cielo, cuando el vencejo vuelve asustado al nido, o cuando el estornino loco desafía las condiciones metereológicas para deleitar con lo que mejor sabe hacer, volar; cuando absorves la fragancia que queda en el ambiente después de la tormenta, ese perfume de tierra mojada, de naturaleza viva. Preciosa sensación que te rescata de tus rutinas para encontrarte con algo más que late con fuerza ahí afuera y que a la vez, necesita ser escuchado, ser entendido y ser respetado.


Llegó el deshielo en un mágico atardecer, en el que las flores empezaron a germinar de nuevo, estallando en mil colores y en sutiles fragancias. Llego el deshielo con su mano amiga, extendida y abierta, para empujar los pasos cabizbajos de una incierta senda, colándose en lo más profundo de un ser, cuya existencia no era capaz de ver. Y en aquel preciso instante, las miradas ausentes cobraron significado, al reflejarse a sí mismas en un lago de agua cristalina. Se derrite la colina, se derrite el valle, se derrite el riachuelo haciendo llorar de emoción, a una tierra árida, convirtiéndola en terreno fértil que aligere los pasos sombríos de aquella mirada ausente, convirtiéndola en un ser vivo vital, iluminado por miradas nuevas, que envuelven el entorno de grandes espacios donde entregarse sin desánimo. Intensa emoción al asomar la cabeza saliendo del caparazón rocoso en el que se había cobijado; mágica sensación aquella del calor de la dicha golpeando el deshielo.

!Llora tierra mía!, llora sin miedo ni pudor, porque detrás de tus lágrimas saladas se despierta el nuevo amanecer, y el deshielo se funde sin piedad ahogando los días grises a tus pies.


El toldo se mueve, el viento hace que sus minúsculas fibras compactas se enlairen en germinal movimiento que lentamente hace mecer esa tela amarillenta y anaranjada como asintiendo dócilmente al vaivén, al cual no opone resistencia, simplemente se deja llevar. Yo, desde mi cama me dejo hipnotizar por él mientras espero que la vigilia se apodere lentamente de mí y me lleve al mundo de Morfeo, en el cual espero dejar liberar mi mente, no pensar, no recordar, y que por una noche, solo una, me ofrezca una tregua. Sólo una noche, sólo esta noche. No pido soñar con hadas encantadas ni ninfas del bosque, ni con guerreros, ni eclipses de sol y luna, ni sueños teñidos de azules y amarillos; tan solo deseo descansar. Noto el fino cosquilleo del viento en mis brazos, fresca brisa de noche de luna llena, y lentamente, muy lentamente, mis párpados van cayendo y mi cuerpo relajado se sumerge en un estanque de agua cristalina, pronto dejaré de notar, de sentir, de escuchar; pronto Morfeo vendrá a por mí, y me transportará a ese mundo que algunos tildan de mágico, pero que yo me conformo con que sea un espacio alejado del mundanal ruido, un espacio donde poder recuperar la inocente imaginación perdida, donde la paz embriague el cuerpo atrofiado, con su sutileza, con su ternura y con sus alas grandes.

Si no me vas a leer no hace falta que te pongas en la lista...

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Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea, es mejor que no pensar....... HIPATIA DE ALEJANDRIA

GRACIAS JOSE ALFONSO

A Ruth Carlino (Viajando al desierto) .6 de Septiembre .Festividad de Ntra. Sra. de las Viñas .

"Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Se paga al nacer, peaje
y todo es peregrinaje,
cada cual con su bagaje
en pos del cierto accidente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Trenet de feria es la vida.
Bien a la vuelta o en la ida,
sobre raíles se olvida
que no es cierto lo aparente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Llega el otro y marcha el uno.
El de acá es más oportunoque el de allá,
no habiendo alguno.
Todo igual es diferente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Quién soy yo; por dónde voy;
cuál será mi destino hoy,
me pregunto, por qué estoy
si al estar, vivo en pendiente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente".

Jose Alfonso.
http://callejadelahoguera.blogspot.com/