
Mientras escribo estas líneas pienso en todas esas mujeres que sufren por el simple hecho de ser mujeres, y no es que piense que los hombres no sufren, ni mucho menos, simplemente pienso que ellos sufren de manera muy distinta a nosotras, ni mejor ni peor, pero sí de forma diferente; en nosotras prima mucho más el bagaje afectivo y emocional con el que venimos estigmatizadas desde tiempos inmemoriales. A nuestro dolor se le suma el sufrimiento generado por la discriminación de sexo, que aunque se trate de paliar, nuestra sociedad sigue perpetuando.
También pienso que es muy fácil sentarse ante un ordenador y escribir palabras de ánimo a un grupo de mujeres, que lucha por sobrevivir en medio de abismos negros. Pienso que es muy fácil decir lo que se tiene que hacer mirando desde la otra perspectiva, desde el otro lado, sin haber tenido experiencias de este tipo. Como decía escribir así es fácil, sólo se requiere tener algo de buena pluma y un poco de sensibilidad. Es por ello que yo no quiero convertir estas líneas en una simple dedicatoria de buenas intenciones.
No es por placer, que yo pueda hablar de suburbios negros, pero ello ha marcado mi forma de ser también de una forma positiva porque me ha dado el don de empatizar con las personas que sufren, y la oportunidad de la resiliencia, entendida para mí como el mero hecho de sobreponerse de las situaciones negativas y salir de agujero negro. Capacidad que creo firmemente que cualquier ser humano, incluidas todas vosotras, sufráis por las causas que sufráis, podéis llegar a poseer.
Lo fundamental en estos casos es que sepáis que siempre hay una salida por muy negro que se vea el túnel, que tengáis la seguridad y la confianza de que al final siempre está la luz que alumbra el camino. Cierto es que cuando sufrimos experiencias fuertes y dolorosas, cuando poseemos historias de vida que marcan tanto nuestra existencia, parece que esa luz quede muy lejos, parece que se pierdan las ganas de avanzar hacia ella, pero hay que seguir haciéndolo por vosotras mismas y por vuestros seres queridos. Yo no os voy a hablar de caminos asfaltados fáciles de transitar, porque entiendo que eso sería como una burla hacia vosotras; el camino es angosto, empinado y lleno de piedras, y en más de una ocasión caeréis y os haréis daño nuevamente. Tampoco os quiero alentar diciéndoos que la luz vendrá sola a vuestro camino porque esto sólo ocurre en las películas. La luz llegará, pero entrará poco a poco y después de que asumáis el riesgo y la valentía de perseguirla con todas vuestras fuerzas, no creo sinceramente que ocurra antes.
En todo caso pienso sinceramente, que vuestra mejor arma para afrontar vuestra vida es el acceso a la educación y a los procesos de enseñanza-aprendizaje. Sed conscientes de que en España hay implantada una educación pública, a la que todos tienen acceso independientemente de la edad, la condición, el sexo o la raza. Esta es vuestra llave, la que tenéis que agarrar fuertemente, y que no os de pereza utilizarla. Se pone a vuestra disposición una amplia gama de programas educacionales y de acceso a la cultura desde el MEC y desde el Ministerio de Bienestar Social; y es en la utilización de estos recursos donde podéis formaros para salir adelante y transformar vuestras vidas.
Seguramente ahora penséis que una vez conseguida la estabilidad en vuestra vida, un trabajo digno, y un bienestar razonable habréis llegado al final de vuestro camino. Pero por experiencia propia os puedo asegurar que esto no es así, de que una vez hayáis salvado un escalón, irremediablemente las esperanzas y sueños se reactivan en otros nuevos, de manera que siempre estamos en constante proceso de evolución.
Pensad que todos vuestros sueños son realizables, luchad por ellos, y sobre todo perded el miedo. Os puedo asegurar que este es vuestro mayor enemigo. Las personas que llegan a tocar hondo, que ya no tienen nada que perder, que ya se les arrebató todo, pierden totalmente el miedo porque ya no hay nada que éste pueda hacerles, y es entonces cuando consiguen salir adelante y una extraña libertad de la que otros carecemos.
Tened siempre presente a vuestros seres queridos, por encima de todo a vuestros hijos, ellos merecen más que nadie de vuestro esfuerzo, recordad que el ser humano aprende y se socializa por imitación de las personas con las que se relacionan, y los referentes paternos son los que de algún modo van a marcar toda su existencia; es por ello que tenéis que luchar hasta la saciedad para que ellos no se vean abocados a sufrir como lo estáis haciendo ahora vosotras.