
Entre railes te asomas para morir en las entrañas de la tierra que abre su boca negra para abserber la volatil velocidad para la que fuiste engendrado. Suave te deslizas, moviéndote en los submundos de personas que con deseo te buscan, corren tras de ti, van a tu encuentro. Tú que no distingues razas ni sexos, que absorbes culturas, que te envuelves con ese extraño perfume llamado humanidad. Tú que como madre parturienta te desgarras en lo interno de la tierra, dando a luz el espacio compartido hasta el último milímetro, envolviendo tras de ti cada suspiro, cada anhelo, cada sueño, cada historia de aquellos que se acercan a tus míseras estancias, muriendo en sus rutinas y en sus surrealismos y a la vez dándote la vida que te caracteriza.
Manchada queda tu piel, untada tu barra de stripper, desgarrados tus ojos trasparentes y cristalinos de vahos ajenos y de historias contempladas. Grafitis adornan extrañamente tu recorrido por las entrañas de la gran ciudad que sigue latiendo más adentro que afuera.
Personas y más personas, que vienen que van, que suben que bajan; anónimos seres que se cruzan y chocan entre sí, que sin conocerse se reconocen y que comparten su espacio vital única y exclusivamente gracias a ti; metro que vienes y vas, uniendo puntos en la lejanía de la visceralidad.
Contágiame de tus historias, acércame a todos esos mundos que te engendran, que te poseen, que te aprisionan, que te llenan y te vacían, de cada cual que deja su humilde huella sobre ti; transpórtame con la mirada hasta envolverme de humanidad, hasta sentir al otro, hasta quebrar la frágil linea que separa el mundo que comparto con quienes respiran a mi lado, en un asiento o de pie, aquí donde obligatoriamente invades el espacio íntimo y personal de cada persona sin previo aviso, sin necesidad de pedir permiso, y sin estar mal visto. Veo incomodarse a muchos pasajeros, a mí me pasa lo mismo, pero más allá de lo más o menos cómodo del trayecto, encuentro en tus vagones una extraña unión de seres humanos con sus distintos universos, absortos en sus mundos. Y yo sigo contemplándolos con los ojos que envuelven la novedad, a pesar de haberme adentrado tantas otras veces en este tu extraño universo de vías y caminos de hierro bajo tierra, que me traen y me llevan.
