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Ante mí la distorsionada encrucijada que la vida me pone por delante, luminosa y errante me muestra caminos difíciles de vislumbrar, eternos vaivenes de vida aún por descubrir. Aunque hace ya tiempo que podía visualizarla al final de este extraño camino, aún así, seguía avanzando; es por ello que ahora no me sorprenda tanto al verme envuelta en la esfera de estos caminos. Pero lo que realmente me asusta, no es la elección del camino por el que deba seguir, sino más bien la extraña sensación de que sean caminos sin retorno. Me gustaría poder equivocarme, transitar un tiempo, replantear el camino y volver sobre mis pasos si fuese necesario; sobre todo si tomo el camino que ahora mismo se me antoja más fácil, cómodo y llevadero. Me gustaría que al volver la vista atrás, ese camino transitado siguiera estando ahí de algún modo; que sieguiese siendo transitble en ambos sentidos, pero aún así siguen antojándoseme caminos sin retorno, caminos que me conducen a una nueva dimensión de la vida, caminos que aún asfaltados pronto se convertiran en tierra salvaje, asilvestrados y desérticos. Quizá lo más sensato sería andar en linea recta, pero ¿acaso el ser humano sabe hacer eso?, ¿es el propio camino el que se revuelve, o somos nosotros los incapaces de transitarlo rectamente? ¿Acaso no somos nosotros mismos los forjadores de nuestro propio camino?, ¿es la propia vida la que nos pone las curvas, o nostros los que las dibujamos?



"Ella le dijo:
- Quédate quince minutos más, por favor.
Y él le respondió:
- Lo siento tengo que ir a poner gasolina al coche"

Quizás esta conversación íntima entre F y L no debía haberla escuchado, pero la casualidad o causalidad hizo que hasta mis oídos llegasen aquellas palabras que envolvían la estancia en la que los tres nos encontrábamos. Me quedé mirando como se despedían de aquella forma tan fría, pero mis ojos pronto dejaron de mirar aquellas figuras humanas, y aunque siguieran clavados en ese instante, en esas presencias, mi mente ya divagaba a miles de km de allí, sumergida en mis propios pensamientos, y en las muchas veces que quizá yo, actué del mismo modo.

A veces somos tan necios de dar tanta importancia a cosas intrascendentes y triviales que somos incapaces de ver más allá de nuestras propias narices, de pensar en la otra persona que tenemos enfrente, de preguntarnos por qué reclama nuestra presencia; nuestra atención.

Yo que conozco muy bien a L y creo que también a F aunque ya empiezo a perder ciertas seguridades, sé que ella necesitaba esos quince minutos. A veces adquiere actitudes infantiles, pidiendo tonterías sólo por asegurarse que los que la rodeamos estaremos ahí; es su forma de reafirmar que cuando nos necesite de verdad también estaremos, pero esto último no se lo puede asegurar nadie ni quedándose quince minutos más. Quizá esta vez era diferente, porque en los últimos días ella se había abandonado a una especie de ausencia hacia todo y a todos, con un alo de tristeza impregnada en su rostro, quizá ella necesitara desesperadamente una mano amiga, pero fue a recurrir a alguien que necesitaba gasolina.

A veces, pequeñas conversaciones me infunden grandes reflexiones; cuánto tiempo invertimos en sentirnos importantes y ni siquiera se nos pasa por la cabeza hacer sentir importante al prójimo. Cuántas veces hablamos y hablamos, contamos nuestras mil peripecias, y somos incapaces de escuchar al otro, de preguntárle cómo estás, o qué te pasa; estamos tan inmersos en nuestras individualidades que carecemos de los recursos necesarios para percibir a los demás sin necesidad de que nos digan que están bien o mal.

La paradoja de todo esto es que seguramente si LD, CL, Jy, S, A, o cualquiera de ellos hubiese llamado a F, él hubiese parado el tiempo para escuchárles, creyendo que era su obligación, pero con L no pasaba igual, ella no formaba parte del trabajo. Paradójicamente siempre prestamos más atención a los de fuera que a los de dentro. Y tantísimas veces nos perdemos en la efímera e inalcanzable felicidad propia, que no nos damos cuenta, que con gestos sencillos podemos hacer felices a los demás, ayudarles a alcanzar su efímera e inalcanzable felicidad. Realmente pienso que es muy difícil hacerse con la felicidad por cuenta propia, que la única forma de alcanzarla es haciéndonos felices los unos a los otros, porque es mucho más fácil hacer sonreír a la otra persona que hacerse sonreír a uno mismo.

Seguramente a L ya ni le importen los quince minutos, ni siquiera piense en ellos, o sí; pero sé que acabara dándole menos importancia que yo que soy la que menos viene al caso; y aunque sumergida en mis propias paranoias seguiré pensando que merecía la pena quedarse quince minutos y correr un poco más después, si con ello otra persona se sentía feliz por quince minutos; al fin y al cabo nos pasamos la vida corriendo, se hubieran podido recuperar esos quince minutos, de eso estoy segura, tan sólo eran quince minutos. Y ahora, mientras resuena en mi mente aquella vieja canción de Rossana (yo pa ti no estoy), sigo sumergida en los pensamientos de mis propias letras.

A veces vivimos en una realidad que nos hemos creado, a la cual nos hemos acostumbrado y en la cual a penas vislumbramos la luz. Ocurre que durante largo tiempo vivimos en ella y la hacemos nuestra llegando a creer que es la única realidad existente, y que no hay nada fuera de ese mundo salvo el abismo. Es nuestro universo, el único que conocemos, al único que tenemos acceso, el que catalogamos de más seguro. Pero esa seguridad se nutre de nuestras propias inseguridades, se fortalece de nuestros miedos, y es, ese miedo a lo desconocido lo que nos hace aferrarnos a nuestra cómoda realidad, sin ser capaces de traspasar la frontera que tenemos marcada, de ir más allá de la linea de actuación que se nos ha concedido.

Pienso que es dificil acostumbrar los ojos a una luz nueva, pero para mí se hace realmente necesario, no me conformo con aceptar la realidad tal cual es, sin por lo menos no intentar transformarla. Quizá algún día llegue a poder saltar al vacío sin importarme si la red está puesta, por el momento "voy siendo" aquello que espero algún día llegar a ser. Y este "ir siendo" aunque a veces doloroso, me hace sentir viva.



¿Alguna vez te has preguntado hacia donde te lleva la inercia de tu vida?


Desde que nacemos nos vemos condicionados por todo el contexto que nos rodea, aprendemos y nos desarrollamos básicamente por la imitación de los modelos que forman parte de nuestras vidas, nos socializamos en base a esa imitación de conductas adapatadas que se nos muestran como "correctas". De este modo vamos entrando en una espiral infinita que nos va llevando de la mano a lo largo de todo nuestro ciclo vital. El ser humano, en constante proceso de aprendizaje va adquiriendo y reproduciendo aquellas pautas culturales y sociales que se consideran adecuadas en cada etapa de su vida. Y como si todo formara parte de un organigrama predestinado, vamos siendo aquello que supuestamente debemos ser, en base a condicionantes como la cultura, el género, el estatus o la educación entre otros. Así es como llegamos a nuestra vida adulta sin demasiadas complicaciones, estructurados como si de robots nos tratásemos, programados para ser lo que somos, sin darle demasiada importancia a lo que realmente hubiésemos querido ser. Por el camino se van abandonando sueños, se van dejando de lado los intereses propios en pro de intereses comunes, se van apagando idealismos; y en contraposición vamos adquiriendo obligaciones, normas, formas de actuar y de pensar.

Todo a nuestro alrededor nos envuelve en esa inercia que nos hace seguir hacia delante, en una sociedad donde prima la velocidad, donde no hay tregua, donde no se ofrece tiempo para deterse, mirar hacia atrás, reflexionar; todo cambia de forma tan rápida que muchas veces no culminamos el proceso de asimilación.

Y cuando osas detenerte, observar el camino por el que transitas, comprender o clarificar metas, cuando esto ocurre, resulta que te encuentras tan metido en el sistema, tan moldeado y forjado, que piensas que es demasiado tarde para cambiar. Por un momento miras el camino asfaltado por el que hasta ahora has avanzado y lo comparas con el camino "nuevo", el que te lleva hacia otro horizonte sin especificar, pero con el te podrías sentir más identificado; y entonces llegan los miedos y las dudas ante lo desconocido, lo no planificado, lo que supone riesgos, y te vuelves a quedar parado en tu kilómetro cero, estancado, lamentándote y con tan pocas fuerzas, que de nuevo la inercia te vuelve a conducir por senderos conocidos.

Yo digo NO: Al proyecto de ley en favor del aborto.
Yo digo NO: A una vil violación de los Derechos Humanos.
Yo digo NO: A la potestad de decidir sobre vidas ajenas.
Yo digo NO: Al atentado contra vidas inocentes.
Yo digo NO: Al aborto ni moderado ni por moderar.
Yo digo NO: A la falta de ética, de moral, y de civismo.
Yo digo NO: A la falta de educación en valores humanos.
Yo digo NO: A las nuevas libertades que nos deshumanizan.
Yo digo NO: Al asesinato masivo indiscriminado.

Y si esto, nos hace ser más europeos, yo siento vergüenza de ser europea.

Esta frase, extraída del libro "Dar para recibir: el secreto del éxito en los negocios", es acuñada hoy en día como lema en algunas empresas. A lo largo de mi trayectoria profesional siempre he confiado en la bondad de esta frase, y después de muchos años llego a la conclusión de que siempre "damos" esperando recibir algo a cambio; este algo, no tiene por que ser del tipo material, quizá en muchos casos lo que esperemos sea reconociemiento, agradecimiento, o recibir algún tipo de retroalimentación que nos haga llegar momentáneamente a la vanagloria.
La majestuosidad del verbo "DAR" se ve casi siempre limitada por esa tendecia a recibir algo a cambio, lo cual me hace pensar que no fuimos educados para dar sin condiciones, para dar sin límite. A lo largo de la vida somos instruidos en muchas materias, pero fracasamos en lo esencial y los valores humanos cada vez se enseñan menos. Quizá sea esta la condición humana, cuando algo no nos reporta ningún beneficio, es que no sirve para nada.
¿Acaso las personas invierten en algo sin esperar un rendimiento, unos beneficios? Se puede decir que en el 90% de los casos (dejando el restante 10% para la duda), siempre damos esperando algo a cambio, y sería una falsedad por mi parte no admitir esta coyuntura, o engañarme a mí misma creyendo que doy o me doy sin límites. A partir de ahí, y descubriendo esa entrega "enmascarada", habría que analizar la calidad o el valor de lo que damos y como lo damos; si realmente damos las migajas que nos sobran o si somos capaces de dar algo más, independientemente de lo que esperamos recibir a cambio. Quizá habría que embriagarse de la figura de Jesús de Nazareth, dejando a un lado su divinidad, haciendo un estudio antropologíco y sociológico sobre su faceta humana, para comprender en que consiste ralmente la entrega sin límites.






Mujer trabajodora de ayer y de hoy. Aquellos días nos llevaron a éstos.
Esto es solo un sencillo homenaje de agradecimiento a aquellas mujeres valientes que lucharon para conseguir los derechos que hoy tenemos. Aún queda mucho camino por recorrer en pos de la igualdad de género, tenemos que seguir adelante; luchando por conquistar todas las parcelas que aún nos quedan, dejando atrás la cobardía y las falsas comodidades. Solo así podremos hacer valer la entrega de aquellas primeras mujeres pioneras que tanto nos allanaron el camino.



















Y esta Cuaresma; ¿Seguiremos quedándonos con nuestro superficial ayuno, o conseguiremos adentrarnos en lo hondo sin miedo ni cobardía?

El sistema financiero, a nivel mundial, está en crisis. No sé si alguien no se ha enterado todavía. A diario, las noticias de todas partes del mundo nos alertan de ello. Corren ríos de tinta hablando de lo mismo. Déficit, inflacción, desaceleración, son palabras que han entrado a formar parte de nuestro vocabulario cotidiano. Incluso hay quien pretende lucrarse utilizando estos términos como base de sus exposiciones; porque ya se sabe: " a mal tiempo, buena cara" y "no hay mal que por bien no venga". Vayas donde vayas, al supermercado, a la librería, a la frutería o al banco, pareciera que todos nos hemos vuelto, de la noche a la mañana, eruditos del tema: crisis y más crisis. Pero yo sigo pensando que ha sido el "egoísmo capitalista" el que nos ha llevado a esta crisis, pues son precisamente éstos, los propios capitalistas, quienes no la están padeciendo. Paradojas de la vida. Hemos visto como algunos de los principales bancos estadounidenses y europeos iban a la quiebra, y como los gobiernos y las grandes potencias les inyectaban liquidez para salvaguardarlos.
Algo es sabido por todos: Si Estados Unidos estornuda, Europa entera se resfría. Si Wall Street cierra a la baja, nuestra bolsa se derrumba; y así sucesivamente, eslabón tras eslabón, en esta gran cadena que es nuestra sociedad. Y en el último de estos eslabones, el de siempre, el ciudadano de a pie. Y yo me pregunto ¿Cómo será la crisis de este ciudadano? El precio de casi todo ha subido, las hipotecas no cesan en el mismo empeño y el desempleo va al alza. Proliferan los carteles de "se vende o alquila" y son muchos los negocios que acaban cerrando. Estamos pagando, entre otras cosas, el "boom" de la construcción de hace quince años. Y si te paras a pensar, todos los oficios dependendientes, de una u otra forma, de la construcción, albañiles, fontaneros, electricistas, la industria del mueble, el acero, y un largo etcétera, ven menguar su trabajo progresivamente. Es curioso, gastamos menos, pero no por ello ahorramos más. Y yo, sigo viendo las noticias y me pregunto, si es que no pasará nada más importante en el mundo, o es que lo demás carece de interés.
Ahora nos escandalizamos por la crisis mundial, pero resulta que el mundo entero ya hece mucho tiempo que padece una gran crisis: crisis en los valores éticos y morales, crisis en la realidad de los jóvenes, crisis en las relaciones personales, ciris interculturales, y en definitiva, una crisis existencial que abarca todas y cada una de las áreas del Ser Humano. Quizá estas crisis no interesen, pues lo fundamental es la gran crisis, la crisis absoluta, la supercrisis, la madre de todas las crisis: "¿El crack financiero de 1929 reproducido en 2009?
El mayor problema que uno puede tener, es no reconocer que lo tiene, pues es evidente que dinero hay para todo menos para lo realmente importante. Se destinan miles de millones de dólares para salvar un banco, y sin embargo, no hay dinero para las instituciones educativas, proyectos sociales, sanidad pública, para tantas y tantas necesidades culturales y sociales que se quedan en el papel.

Si no me vas a leer no hace falta que te pongas en la lista...

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Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea, es mejor que no pensar....... HIPATIA DE ALEJANDRIA

GRACIAS JOSE ALFONSO

A Ruth Carlino (Viajando al desierto) .6 de Septiembre .Festividad de Ntra. Sra. de las Viñas .

"Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Se paga al nacer, peaje
y todo es peregrinaje,
cada cual con su bagaje
en pos del cierto accidente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Trenet de feria es la vida.
Bien a la vuelta o en la ida,
sobre raíles se olvida
que no es cierto lo aparente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Llega el otro y marcha el uno.
El de acá es más oportunoque el de allá,
no habiendo alguno.
Todo igual es diferente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Quién soy yo; por dónde voy;
cuál será mi destino hoy,
me pregunto, por qué estoy
si al estar, vivo en pendiente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente".

Jose Alfonso.
http://callejadelahoguera.blogspot.com/