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A menudo me encuentro con personas con problemas reales, de la vida cotidiana, algunos con dramas que les impiden afrontar su día a día con dignidad. A muchos de ellos los encuentro dentro de iglesias o grupos cristianos, tratando de buscar ayuda dentro de su comunidad. En la mayoría de los casos sólo encuentran una ayuda espiritual transformada en ánimos y falsas esperanzas, y en el mejor de los casos obtienen una ayuda puntual de carácter económico o material que raya en la mayoría de los casos la limosna.

Y yo me pregunto ¿Es tarea de las iglesias y líderes religiosos intentar ayudar a sus miembros más allá de lo puramente espiritual? A mí me gustaría que así fuera.
Y que si se opta por ser algo más que líderes espirituales ¿no se deberían ofrecer ayudas reales y eficaces y no, meros paliativos que no solucionan el problema, y como mucho sólo consiguen posponer un poco la agonía?


De vuelta de uno de mis tantos viajes virtuales por la "World Wide Web", a través de la cual voy investigando aquellas tantas cosas que me intrigan y a veces llenan de estupor; llego aquí, a mi desierto, para emular de algún modo "El Grito" de Munch, convirtiéndolo en un grito de "basta ya" interno, que haga levantar el polvo de la sútil arena de este desierto.

Por esa sed que me hace no parar de asomarme a ventanas virtuales muy diversas, hoy di con un coockboock virtual de mujeres cristianas, y como no pude dejar de seguir tirando del hilo a ver qué más cosas "interesantísimas" hacían estas señoras para consagrar su vida a Cristo, encontré otros grupos similares que se dedican a hacer macramé, punto de cruz, incluso a vender tarros de cristal con recetas de cocina en su interior.

Y no digo yo que estas actividades no me parezcan dignas, ni mucho menos lúdicas, que sí pueden serlo. Pero estas cosas me hacen preguntarme cuál es el papel de la mujer dentro de los grupos cristianos. Pues acaso ¿no da la sensación de que sólo son un colectivo al que tener entretenido, como pensando que mientras hacen estas cosas no se preguntan o inquieren por otras? Y aquí no quiero abrir el eterno debate entre hombres y mujeres, entre otras cosas porque ellas, parecen muy a gusto con sus tareas dominicales; conformes con el papel que están interpretando; incluso se anuncian de forma muy entusiasta y optimista.
No es cuestión de echarle la culpa a nadie, solo quiero mostrar una observación interna, de la cual saco la conclusión de que los estereotipos de género siguen vigentes por muchos siglos que pasen, y tanto o más dentro del camino del cristianismo. Y aquí ambas partes tienen su responsabilidad, la persona o institución que los aplica, como la que los acepta tal cual.
Por otra parte me admira la sutileza con la que es llevada esta discriminación aceptada, porque muchas veces nos escandalizamos del papel de la mujer en otras religiones como el Islam, y luego una observa y piensa de que modo tan sutil se sigue perpetuando el estereotipo de género, en el que la mujer parece ser un simple florero al que regar de vez en cuando, y en el peor de los casos, dichas flores son de plástico.

En la última parada de mi viaje me adentré en los estudios bíblicos para mujeres cristianas, también on line, y leyendo los foros pude atisbar los rasgos de fundamentalismo que envuelven a la moderadora; otra cosa que me hizo llevarme las manos a la cabeza, al pensar friamente el daño que puede ocasionar una doctrina fundamentalista con Biblia en mano.

Y me pregunto dónde están esas mujeres con sed identica a la mía, con esperanzas de trascender de sí mismas; con aspiraciones, con ganas de entender, de aprender de ir más allá de lo común, más allá de lo que la norma nos dicte....................
Gracias a Dios, encontré a algunas en el camino, pero sinceramente, escasean tanto, que se ven obligadas a gritar muy fuerte (al igual que el cuadro de Munch), para que alguien repare en ellas.

Rescatando la última frase de la reflexión de mi amigo el pastor, en la que dice:

"Palabra y Sacramento son suficientes cuando se viven en la comunidad que acoge, sea quien sea el acogido, sin preguntar, solo acogida y servicio".

Aperece de nuevo el concepto de Comunidad, que es algo que francamente me tiene intrigada, al cual no dejo de prestar atención, y me viene al hilo de La Comunidad que se instauró el último Domingo de Pascua con el Pentecostés.

Y yo me pregunto, ¿existe tal Comunidad, o es meramente una quimera?

A lo largo de mi trayectaria me he encontrado con muchos tipos de comunidades, y es algo a lo que he prestado especial atención, más allá del hecho religioso (porque he tratado con comunidades de diferentes religones), y más allá de la Comunidad Cristiana (porque también he tratado con diferentes grupos cristianos); desde el punto de vista antropológico y sociológico, siempre me he preguntado qué busca raelmente la gente cuando se congrega en comunidad.

Actualmente, y debido a los tiempos tan difíciles en los que nos encontramos inmersos, en los que la sociedad parece haber perdido el rumbo y anda desorienteada, se atisba un crecimiento en el cual las comunidades proliferan y aumentan sus miembros. Parece que en tiempos de crisis y grandes cambios, es como si de alguna manera, el ser humano necesitara sentirse acompañado, guiado, recogerse en comunidad. Pero no puedo dejar de pensar que realmente lo que nos mueve a actuar a sí, no es la búsqueda de Dios libremente, sino coaccionada por los tiempos cambiantes. Esto también nos lleva a que en muchas comunidades hayan personas con problemas "reales", con dramas familiares; a menudo encuentro personas que se quedaron sin empleo, que tienen familias que cuidar y sacar adelante, hipotecas que pagar; personas que de la noche a la mañana se han visto abocadas a un callejón sin salida.


Y entonces me surge otra pregunta ¿Debe la Iglesia o Comunidad prestar ayuda más allá de lo espiritual?, yo quisiera pensar que sí, pero desde un punto de vista objetivo tengo serias dudas de cuál debe ser el papel real de la Comunidad en la vida de cada persona que la integra. Y si realmente queremos ofrecer ayuda más allá de la espiritual, deberíamos empezar por analizar las ayudas paliativas que se ofrecen, que en ningún caso solucionan los problemas, sólo retrasan o alargan la agonía de quien los padece.


Y reflexionando sobre todas mis inquietudes sobre qué es o debe ser una Comunidad Cristiana, encuentro una diferencia significativa entre la Iglesia Católica (a la que no puedo llamar Comunidad), y el resto de comunidades.
La primera peca de impersonal en el trato, raramente encuentro empatía entre sus miembros, da la sensación de ser un grupo de personas muy numeroso que celebra una serie de tradiciones, pero que no sienten esa necesidad de interactuar entre ellas. El resto de comunidades cristianas con las que he mantenido cierto noviazgo, tienen un concepto de comunidad muy diferente al creerse familia todos sus miembros; creo que esto se debe al reducido número de sus integrantes. En estas comunidades, todos conocen los problemas de los demás miembros, son conscientes de sus necesidades y se ofrecen las ayudas paliativas de las que hablaba antes. Pero después de seguir investigando todo este tipo de comunidades, me di cuenta de que habían otras, bastantes por cierto, en las que ese concepto de familia se había vuelto enfermizo; comunidades que ejercen el control sobre vidas ajenas, que tratan de obligar a sus miembros a seguir un estilo de vida que ellos profesan con la ultrajada Biblia en mano. Y en las cuales, si no respondes, actuas y piensas según su norma, eres apartado, humillado, señalado con el dedo, y lo que es peor aún, todos sus miembros son manipulados y adoctrinados para que extorsionen y marginen a las ovejas descarriadas.

Sigo creyendo que estamos muy lejos de aquel concepto de Comunidad del Pentecostés; aún así sigo buscando y reflexionando sobre La Comunidad y las comunidades.

Os dejo una relfexión que me envió esta mañana un amigo que es Pastor.

“… Luego, cuando se sentaron juntos a la mesa, Jesús tomó el pan, dio gracias a Dios, lo partió y se lo dio. En aquel momento se les abrieron los ojos y lo recnocieron; pero él desapareció de sus vista…” (Lc. 24: 30,31)

Vivir la resurrección: Como demostración de fuerza y divinidad. Como seguridad de una vida más allá de la muerte. Como triunfo del Kerigma. Es posible vivirla de todas estas forformas si no perdemos de vista que es experiencia y acontecimiento fundamental. Pero se me antoja que, no obstante, la Resurrección va mucho más allá.

Jesús resucita y camina, camina largo. Se encuentra con los otros en el camino, seguramente desesperanzados, de vuelta a lo cotidiano. Sus ojos son velados; Jesús no quiere ser reconocido, no parece dispuesto a ninguna demostración de fuerza ni triunfalismos. Tampoco lo hizo antes. Solo les ha hablado Las Escrituras.

La noche se echa encima, su intención, aparentemente, es seguir el camino sólo, pero sus acompañantes le ruegan que se quede. La noche es peligrosa en soledad. Se sienta junto a ellos, coge el pan, da gracias, lo parte y lo reparte. ¡Ahora si!. ¡Es Él!. Y así, sin trompetas ni fanfarrias, sin explosiones sobrenaturales, desaparece.

¡Vive!.
Palabra y Sacramento son suficientes cuando se viven en la comunidad que acoge, sea quien sea el acogido, sin preguntar, solo acogida y servicio..."

Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acerco y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran” (Lc 24, 13-16).

Habría que preguntarse cuántas veces en nuestra ansia de encontrar a Dios, acabamos buscando en el lugar equivocado. Quizá esto nos pase muchas veces por seguir la norma; buscamos dónde, supuestamente otros encontraron.
Desde mi experiencia personal he de decir que no lo encontré en ninguna Iglesia, ante ningún retablo o imagen, ni siquiera ante una cruz. Dios es del mundo y en el mundo hay que encontrarlo. En ningún caso, encerrado entre cuatro paredes. Y por estas cosas de que a Dios le gusta hacerse el encontradizo yo lo encontré donde realmente no le buscaba, donde ni siquiera me había parado a pensar que pudiera estar: en un centro de discapacitados psíquicos.
Le veo reflejado en la cara de esos chicos, cuando sonríen, cuando intentan explicarte su forma peculiar y simple de entender el mundo, cuando valoran cada gesto de cariño, cada caricia, cada sonrisa, en su inocencia; en sus esfuerzos de superación, en sus logros y hasta en sus lágrimas. Cada día aprendo cosas nuevas que ellos me enseñan, valores que en nuestra sociedad están en desuso, como la amistad, el respeto, la fidelidad, la sociabilidad, la tolerancia; y tantos otros que no tendría espacio suficiente para describirlos. Desde su sencillez y humildad me invitan a conversar con Dios, a jugar con Dios, a aprender de Dios, a entregarme a Dios y a sentirme mejor persona; renovada, con esperanzas, ilusiones, y con esa tremenda paz que sólo allí encuentro. Por todo esto solo puedo mirar al cielo y dar gracias por no haberme acomodado en la búsqueda, por no ser una “cristiana de serie o en serie”, por ansiar más, porque ese ansia me ha llevado a una mayor plenitud.

Oh dichosa Cruz de la Resurrección, yo quisiera abrazarte, más no tengo esa condición, quisiera fundirme en ti, pero sólo soy una pequeña partícula del Universo, incapaz de perpetrar tal acción. Por eso propongo que seas tú la que me abrace a mí, la que me guíe, la que me muestre la senda, la que me ayude a salvar los resquicios de humanidad que han dejado el camino perdido.
Oh cruz desnuda, en la que ya sólo quedan los tristes maderos, pero que acogieron el cuerpo que Da la Vida, que vence a las tinieblas de la muerte y que evidencia el camino de la Resurrección.


Un año más y como viene siendo costumbre, nos enfrentamos a la función en la que cada cual representará su papel a la perfección; los purpurados se pondrán de nuevo sus mejores galas, sus resplandecientes sonrisas, y sus miradas complacientes e indulgentes, para la extraña conmemoración en la que ha venido degenerando año tras año la celebración de la Semana Santa; y los feligreses completarán el elenco en las multitudinarias procesiones que recorrerán nuestras calles. Atrás quedará un año como otro cualquiera, en el que la jerarquía y el poder habrán campado a sus anchas, consiguiendo llenar el arca de oro muy a pesar de la crisis, y habrán jugado a ser dueños y señores de almas ajenas, de espíritus libres que un día dejaron de serlo por someterse a mandatos, leyes y preceptos muchas veces vacíos y carentes de sentido, pero con los que manipular a personas más cómodas que inocentes.
Pero una vez más, y como si nada pasase a nuestro alrededor, se levanta el telón, la función debe continuar y seguir entonando el “mea culpa” y hasta compadeciéndose, de aquel espíritu libre, del cual ni siquiera entendemos por qué dio la vida por nosotros.
Pensamos que aquellos bárbaros que lo mataron a sangre fría no tenían escrúpulos, ni por asomo conocimiento de unos mínimos valores éticos o morales; pero acaso, ¿no seguimos crucificando a personas, día tras día, hora tras hora o segundo tras segundo? La crucifixión es algo que ha ido evolucionando a través de la historia, como todo nuestro mundo; Ahora es más sutil y enmascarada, mucho más sofisticada y se emite continuamente mediante la humillación, el rechazo, la silenciación o la marginación de todo aquel que no se adhiere a las normas, que difiere de ellas, o simplemente que es diferente a nosotros; y con todo ello crucificamos un poco más a Cristo.
¿Podríamos ser capaces, aunque sólo fuera por un instante, de ponernos en la piel de aquel Jesús de Nazaret y hacernos una mínima idea de lo que sintió? ¿Podríamos acompañarle con un corazón entregado, buscando la empatía con Él, en lo más hondo de nuestro ser? ¿Sería posible que una procesión o una Eucaristía, dejara de parecer una feria, en la que se ha perdido completamente el respeto? Quizá de este modo la función merecería la pena, de lo contrario seguirá siendo un teatro de comedia visto desde el gallinero.

Los "Católicos Reprimidos" son aquellos que sí van a la iglesia y celebran la Eucaristía religiosamente cada domingo, aquellos que siguen al pie de la letra el ritual de la liturgia, que hacen ayunos de carne cada martes y cada viernes en el tiempo de la cuaresma (de estos ayunos simplistas habría que hablar mucho, lo dejaremos para otro post), y que después de todo esto, les da vergüenza reconocer que son católicos.
Y esto no lo digo yo únicamente, sino sus propios cardenales http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=20106.

Pienso que es muy fácil ser católico cuando se está rodeado de un grupo de iguales que comparte el mismo interés, cuando se comparte la Eucaristía, pero detrás de cada persona hay una vida fuera de la iglesia, una familia, un trabajo, unos amigos, y es, en estás relaciones, cuando los católicos reprimidos profesan un mutismo abismal cuando se aborda algún tema relacionado con Dios o con la religión, y si les aprietas mucho, llegan al punto de negar su propia condición de católicos.

Me sorprendío una afirmación que me hacía uno de estos católicos ayer mismo, cuando afirmaba que "hablar de Dios" es un tema "tabú" para la sociedad moderna, entonces pienso lo lejos que estamos de aquel "Dad Testimonio" de Jesús de Nazareth, qué lejos estamos de entender la palabra, que carentes de un encuentro con el Cristo Verdad y Vida de las Sagradas Escrituras.

Digo católicos reprimidos como podría decir protestantes reprimidos, evangélicos reprimidos o cristianos reprimidos, lo que pasa es, que en mi día a día, lo que más abundan son esas dos clases de católicos tan comunes, los católicos no practicantes y los católicos reprimidos, para mí estos últimos son los más hipócritas.







¿Qué significa seguir a Cristo?






A menudo me hago esta clase de preguntas, y reflexiono sobre toda mi trayectoria en aras de conseguir este propósito. Desde mi experiencia personal he encontrado, y muchas veces participado, de diversas formas de seguir a Cristo y sentirse un cristiano en plenitud; y quizás lo que más me ha llamado la atención de todos mis escarceos con diferentes grupos cristianos, era que cada cual me mostraba un modo distinto para conseguir mi propósito. Con todo ello, muchas veces, lo único que conseguí es llenar mi viejo cuaderno de viaje de normas y preceptos, de obligaciones "sagradas", y de tantas exigencias, que hacían que mi atención se centrara única y exclusivamente en esos cumplimientos, alejándome irremediablemente, de mi propósito original.
Pasados lo años, después de haberme despojado de las muchas cadenas que había enlazado fuertemente a mi ser, sigo casi sin tener respuesta a esta pregunta, pero por lo menos ahora me centro en lo realmente importante, en lo primordial para poder empezar de nuevo una vez más: En Cristo. Sólo conociendo a Cristo, sintiendo como Cristo, observando como Cristo, empatizando con Cristo, es posible intentar ese acercamiento. Todo lo demás, para mí, es solo paja, que hace que la búsqueda en profundidad se vea dificultada.
A partir de esa base, de buscar la empatía con Cristo, me surgen un sinfín de preguntas nuevas, que hacen que cada gesto se vea sometido a reflexión. A menudo trato de encontrar su presencia a través de otras personas, pero curiosamente siempre lo encuentro reflejado en personas que sufren, o que conviven en circunstancias desfavorables; en personas vulnerables. Y me sigo preguntando por qué soy incapaz de verle reflejado en otro tipo de personas, con vidas estables y cómodas.
Voy siguiendo mi propósito, y mientras lo voy siguiendo me voy transformando, voy cambiando formas de pensar, actitudes o conductas, voy re-descubriendo un nuevo "yo" que grita con fuerza dentro de mi ser, y que hace que todo a mi alrededor se tambalee. Quizá llegó la hora de destruir mi templo de Salomón para ofrecer un nuevo habitáculo a Dios, un corazón humilde y sencillo para que su luz pueda llegar a brillar en él y con ello alumbrar nuevos caminos.

Si no me vas a leer no hace falta que te pongas en la lista...

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Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de manera errónea, es mejor que no pensar....... HIPATIA DE ALEJANDRIA

GRACIAS JOSE ALFONSO

A Ruth Carlino (Viajando al desierto) .6 de Septiembre .Festividad de Ntra. Sra. de las Viñas .

"Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Se paga al nacer, peaje
y todo es peregrinaje,
cada cual con su bagaje
en pos del cierto accidente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Trenet de feria es la vida.
Bien a la vuelta o en la ida,
sobre raíles se olvida
que no es cierto lo aparente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Llega el otro y marcha el uno.
El de acá es más oportunoque el de allá,
no habiendo alguno.
Todo igual es diferente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente.

Quién soy yo; por dónde voy;
cuál será mi destino hoy,
me pregunto, por qué estoy
si al estar, vivo en pendiente.

Percibo que, de repente,
conmigo viaja la gente".

Jose Alfonso.
http://callejadelahoguera.blogspot.com/