Llegó la primavera cogida de tu mano, a este otoño tardío. Y como torbellino hizo germinar las más hermosas flores, donde antes sólo había árboles desnudos llorando hojas secas que crujían ante cada una de mis pisadas profundas y cansadas. Llegó tu inocencia cubierta de pena y mi corazón se volvió refugio, para abrazarte, para sentirte, para convertirse en morada de tus días grises. Llegó el color y la fragancia a este jardín de tonalidades ocres, que palpitaba tenuemente en los brazos del abandono...
Fugazmente pasó por nuestras vidas un hermoso verano, lleno de sueños que dibujamos bajo un cielo estrellado, lleno de vida renovada que volvía a tener significado, lleno de esperanzas que despertaron tras el largo letargo que hacían que ese músculo abandonado volviera a latir con fuerza resurgiendo apasionado...
Casi inesperado llegó el revuelto otoño, con turbulencias y huracanes que hacían tambalearlo todo, mostrándome tu rostro enfermo cubierto de barro, sintiendo tus arañazos clavarse en lo más hondo, sumergiéndome en medio de una neblina gris, tratando de esquivar todos tus golpes bajos...
Desapareciste dejando el invierno tras tus pasos, ese invierno frío y tenebroso en el que ahora me hallo inmerso, donde la helada ya lo cubrió todo, donde tus huellas tenuemente se van difuminando. El color quedó congelado y frágilmente se va a pagando...
Ruth: 13/6/10
Imagen: Getty Images





