Mis queridos amigos, tengo que pediros un favor. Necesito saber si veis bien la columna de la derecha donde están los seguidores, las imágenes, el poema, etc. Via e-mail me comentan que esa columna está caída, pero yo desde mi ordenador la veo perfectamente.
Gracias a todos.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (15)
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (18)
Podría ser esta plaza de Segovia, junto al acueducto, aquella en la que cogiste mi mano, en que arqueaste las cejas, en que deslizaste tu brazo para rodear mi cintura. Podría ser fácilmente éste, el decorado en que me besaste por primera vez lanzándome de cabeza y sin salvavidas a ese mar de sentimientos y emociones, de deseos, de locura casi invisible por el que navego desde entonces.
Digo podría, porque bien sabemos que exactamente no era así, ni ese punto nuestro lugar ni tan siquiera nuestro momento; pero bien poco importa el escenario exterior cuando una emoción o un sentimiento hacen que todo alrededor se pinte de forma diferente y se ilumine como esa plaza al atardecer. Aún siento aquellas tímidas y frágiles gotas de lluvia mojando nuestros rostros mientras era arrastrada por el mar de tu boca, mientras nuestros dedos jugueteaban entrelazados en medio de la nada o del todo, mientras tus brazos protectores contenían mi respiración y mi cuerpo se delizaba por el tuyo, desafiando las leyes de la Matemática al corroborar de forma inaudita que uno más uno sólo producían un uno mayor, distanciado de un dos estático y carente de dinamismo, que era el resultado de nuestros cuerpos separados.
Hubo etapas en las que creí ahogarme y perecer en medio de ese inmenso mar de sentimientos y emociones, desconocido hasta aquel instante para mí; pero entonces tú te convertiste en el mayor salvavidas para dar sentido y significado a ese beso, en aquella plaza al caer la tarde.
Han pasado cincuenta años, y el ocaso de nuestras vidas, más cerca que lejos, nos marca la pauta del camino a seguir, entre callejas que se pierden por ese acueducto que contiene la esencia de nuestra vida, de nuestras idas y venidas, de nuestros encuentros y desencuentros, de nuestras certezas e incertidumbres. Cojo tu mano como aquella primera vez y seguimos el camino, este camino que nos lleva por la senda segura de nuestro corazón; atrás quedaron aquellos intentos locos por buscar otras formas y otros cuerpos en los que sólo conseguimos la certeza de que estábamos hechos el uno para el otro.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (10)
Mis queridos amigos, como veis el desierto toma una nueva apariencia e imagen, que con tanta arena esto ya necesitaba una reforma. Espero que os guste este nuevo envoltorio menos sencillo y más sofisticado. Pasad y acomodaos, he reservado una duna para cada uno de vosotros.
Gracias Leinad por ayudarme con las reformas.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (26)
Ante mis ojos, aquella mesa ovalada que durante tanto tiempo había estado olvidada en un oscuro rincón bajo la escalera de caracol, recubierta con su inconfundible manto espeso y polvoriento. Ahora aquellos días de antigua mesa habían pasado desde que el sospechador de rumbos, viejo artesano velense, había reparado en ella. Durante varios días lo vi con su mirada fija en aquel oscuro rincón, como sospechando tímidamente la posibilidad de devolverle la vida a aqulla mesa, que durante mi niñez había sido tan solo un trasto con el que jugar.
Ahora esa misma mesa, completamente restaurada se alzaba ante mis ojos incrédulos, mostrándome parte de su vida anterior a la que yo concía. Me hablaba de aquella época dorada en que había presidido el centro de un bello salón burgués tantos años antes.
Durante largas tardes había observado al artesano amar, mimar, dialogar, con aquella mesa; la había despojado de todo su sucio ropaje, la había contemplado delaitadamente, desnudándola hasta llegar a su parte más intima donde mostraba rasguños y heridas, marcas del paso del tiempo sobre su superficie. Con esmera paciencia había lijado toda su piel, había reparado cada una de sus fisuras, había encolado nuevamente sus puntos de apoyo, y poco a poco, aquella mesa que en pocos días había languidecido por completo, volvió a vestirse con aquel suave barniz que le daba una presencia señorial a toda la estancia. La mesa era capaz de alumbrar y dar nueva vida a aquella casa; y ahora era fácil imaginar su entorno natural, las ostentonsas cenas de gala en las que había estado, las largas noches de fiesta que había presenciado, los cócteles en los que se había perdido hasta altas horas de la madrugada; incluso podían escucharse las risas, la música, las conversaciones a media voz, los murmullos y las confidencias, con tan solo acercar el oído a la brillante superficie lisa que llamaba con fuerza.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (14)
Hoy es la propia luna mi acompañante en el paseo nocturno que emprendo cada anochecer, cuando el sol duerme y las horas parecen languidecer escurriéndose entre la vegetación de este bosque al que acostumbro a transitar en horas como esta. Pausadamente se aleja en barullo del día; débilmente a lo lejos aquellos gritos se fueron apagando en tímidos susurros y la soledad llama con su disfraz de tranquilidad en la cual me acurruco, me envuelvo y me abandono dejándome invadir por esta agradable sensación de pasear a la luz de la luna llena. Mágico contraste el de mi azul del cielo alumbrado por esa inmesa luna cuyos destellos me hacen sentir partícipe de un mundo inmeso, con su millón de peculiaridades, de formas de ser, de personas que como yo se dejan llevar por sensaciones y sentimientos propios y ajenos. Mágico sonido el crepitar de la hierba a mis pies, el vuelo de las aves nocturnas, la presencia del viejo árbol que una vez más, se despoja de su vestimenta para mostrarme su desnudez, su interior, su esencia. Y aquí en este punto del día, las cosas se ven con mayor claridad, no hay miedos ni dudas, no hay disfraces ni máscaras, el alma al igual que el viejo árbol queda desnuda, trasparente y en ella puedes ver claramente tu propio reflejo, y discernir que hay de ti al acabar el día, que clase de ser habita en tu propio cuerpo, cuánto avanzas en tus sueños o cuanto retrocedes, sin metiras y sin tapujos; no hay nadie a quien engañar cuando cae la noche y te refugias en este bosque, salvo a ti misma si prefieres hacerlo, pero aún así no sirve de nada, porque ante tu propia desnudez no hay donde esconderse.
Paseos diarios, unos más largos, otros más cortos, pero paseos importantes de los cuales rescatar esa fortaleza que anida en tu interior y que es el motor para emprender cada nuevo día.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (22)
Te traje hasta aquí, hasta el umbral de mis sueños y fantasías, para mostrarte, para mostrarme, ese cielo mágico y espectacular que pinta el lienzo en el que vamos delineando nuestra propia vida y que queda grabado en algún lugar de este recóndito planeta como testimonio de nuestra existencia. Te traigo de la mano, te muestro mis estrellas favoritas, las luces centelleantes que recorren mi firmamento, los astros que mágicamente bailan para deleite de nuestras miradas emocionadas, que hacen recobrar la ilusión por los sueños perdidos. Cojo tu mano notando tu presencia, sabiendo que estás aquí acompañando mis pasos perdidos, siguiendo las huellas que nos llevan a este espacio pintado de colores que recreé para perderme, para perdernos. Te muestro todo lo que soy en medio de esta enormidad que me hace sentir una minúscula partícula esencial en medio de todo este universo, que con su dulce movimiento hace que nuestra vida recobre el sentido. Te miro agradecida por haber tenido la osadía de llegar hasta aquí, hasta este umbral que separa la realidad de la fantasía con la que envuelvo todos los regalos que deposité para ti.
Te señalo el sendero por el que seguir vagando en nuestro dulce viaje, y pronto notamos como nuestros pies se elevan del suelo dejando atrás el viejo árbol que agitando sus hojas nos despide. Sabes que solo tienes que dejarte llevar para traspasar la frontera que separa tu realidad de mi fantasía.
¿Me sigues?..............
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (6)
Los comienzos del Siglo XX trajeron consigo, entre otras cosas, la duda acerca de la validez de los sistemas de valores dominantes; cambios en los significados y, en definitiva, cambios en la concepción del mundo en general; no iba a ser menos en el Arte. En este ámbito se desafiaron los cánones del pasado. En palabras de N. Stangos, “El cuestionamiento y rechazo del pasado equivalieron a una verdadera revolución militante, que se expresó de manera conveniente en su caracterización como Vanguardias". Se produjo una explosión liberadora contra todo lo que suponía opresión y jerarquías establecidas.
Los movimientos artísticos estuvieron muy programados desde los comienzos, hasta se acompañaron de declaraciones, manifiestos, etc. Desde entonces ya nada sería igual.
Aquí tenéis una obra de el primer movimiento vanguardista, el Fauvismo. Esta es una obra de su partera, Henri Matisse. Su título: La alegría de vivir.
Hablaremos más acerca de Matisse y sus colegas fauvistas.
Los movimientos artísticos estuvieron muy programados desde los comienzos, hasta se acompañaron de declaraciones, manifiestos, etc. Desde entonces ya nada sería igual.
Aquí tenéis una obra de el primer movimiento vanguardista, el Fauvismo. Esta es una obra de su partera, Henri Matisse. Su título: La alegría de vivir.
Hablaremos más acerca de Matisse y sus colegas fauvistas.
Gracias Juancho, por ser mi colaborador en esta entrada.



