La suave pluma deslizándose por mi espalda meciéndose dulcemente al compás de tu aliento. La frágil pluma arremolinándose fresca y volátil, bailando en germinal movimiento sobre mi piel desnuda. La dulce pluma que me hace sentir lo indescifrable; lo indescriptible.......
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (9)
Pintura nº 14. 1960
Mark Rothko. Pintor de origen Letón (Rusia) afincado en EE UU, a donde viajó siendo un niño. Puede considerarse un pintor autodidacta aun habiendo cursado estudios universitarios. Uno de los máximos representantes del expresionismo abstracto y encuadrado, a veces, dentro de la corriente denominada del campo de color. Sus obras son grandes dimensiones de donde fluyen y conviven enormes manchas de color rectangulares que parecen querer abarcar el absoluto. Recuperación del mito dramatizado en enormes espacios cromáticos que invitan a la reflexión del observador, a un viaje de ida y vuelta hacia uno mismo, quizás a la mismísima esencia seminal de lo humano. ¡Míralo atentamente! ¡Déjate llevar! ¡Inicia el viaje y luego…. Cuéntame!
Mark Rothko. Pintor de origen Letón (Rusia) afincado en EE UU, a donde viajó siendo un niño. Puede considerarse un pintor autodidacta aun habiendo cursado estudios universitarios. Uno de los máximos representantes del expresionismo abstracto y encuadrado, a veces, dentro de la corriente denominada del campo de color. Sus obras son grandes dimensiones de donde fluyen y conviven enormes manchas de color rectangulares que parecen querer abarcar el absoluto. Recuperación del mito dramatizado en enormes espacios cromáticos que invitan a la reflexión del observador, a un viaje de ida y vuelta hacia uno mismo, quizás a la mismísima esencia seminal de lo humano. ¡Míralo atentamente! ¡Déjate llevar! ¡Inicia el viaje y luego…. Cuéntame!
(Gracias a Juancho por su dedicación y cariño y por proporcionarme todo el material necesario para esta nueva sección................ y por hacerme sentir los cuadros)
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (20)
Te esperé como un chiquillo, con el alma en vilo, aferrado a la esperanza, ilusionado, con la persistencia inocente; inmóvil, quieto, sin apenas pestañear por si aparecías fugazmente y se perdía la vista. Así te esperé hasta bien entrada la noche, hasta que el frío se hizo insoportable, hasta que la voz de la esperanza se fue apagando en un tímido susurro. Hasta no entender, el por qué de las cosas, el por qué de la dependencia, el por qué de tu ausencia. Aquellos que pasaban junto a la fuente miraban con sonrisa burlona, tampoco entendían el por qué de mi por qué. Exhausto, regreso a casa aunque el camino esté parcialmente cubierto de sombras y oscuridad. Las farolas de la calle no se llegaron a encender a pesar de haber caído la noche. Te esperé y observé, pensé y medité, pero no hallé el por qué.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (10)
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (10)
Lágrimas partidas, sordas e inmunes, lágrimas que hablan de soledad, de miedo, de frustraciones, de deseos no concedidos, de angustia, de cobardía, pero que lo hacen de forma sorda; lágrimas afónicas, que ni salen ni entran, lágrimas que se quedan retenidas por la conciencia y el decoro, por el pudor; y que con ello vuelven al interior del ser transformadas en torrentes de dolor, que inundan el cuerpo atrofiado, que lo hacen enmudecer. Lágrimas sin sentido, carentes de voluntad, lágrimas muertas antes de ser concebidas, roídas por gusanos que cercean alrededor. Lágrimas azules que destiñeron dejando en la superficie un putrefacto color negro. Ningún ojo se atreve a darles salida porque son lágrimas de muerte de esperanza, de muerte del alma atormentada, a la que ni un triste y mísero velatorio haría descansar en paz. Bajadas del carro de la vida, siguen sin rumbo su destino incierto por calles polvorientas, girando en las esquinas de lo efímero de un mundo que no para de girar. Lágrimas que siguen apostillando cada palabra en lenguas muertas, ininteligibles, desiertas, ningún esfuerzo merece la pena cuando el daño está hecho, cuando todo se derrumbó, cuando se extinguió la vegetación arrasada por el hostil fuego.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (21)
Reposo los dedos sobre el teclado dejándoles en libertad mientras cierro los ojos para que esa extraña combinación de corazón y razón, ordenen sus pasos, guíen sus letras que al unirse formen palabras que se encarcelen en frases convirtiéndose a su vez en parráfos. Me dejo mecer por la mágica sensación de dejarse llevar, de escribir algo que no estaba predeterminado de antemano, abandonando las formas y las estructuras, para que al volver a la plena consciencia me asombren a mí misma los galimatías en los que me envuelvo y me dejo acurrucar. Huyo de las pretensiones a la hora de escribir porque francamente, en mi caso, cuando más claro tengo lo que quiero expresar, peor queda el resultado, o cuanto más intento escribir sobre un determinado tema más me bloqueo y soy incapaz de explotar mi creatividad. Por eso mi método de escritura tan poco ortodoxo, es simplemente la entrega, abandonarse y saciarse de rincones desconocidos. Me pierdo en mis líneas y párrafos alterando la coherencia y rayando muchas veces el sin sentido, pero encuentro en esa forma de escribir la máxima expansión que nace de lo más hondo del ser, allá donde las tinieblas y las dudas dejaron de existir por creer en la finitud de lo infinito.
Y es en ese rincón del ser, donde una encuentra los destellos de otro mundo; del mundo interno en el que se debate uno mismo. Allí como en un tenderete del "top manta" una se asombra al encontrarse con infinidad de oportunidades latentes; desde historias de ciencia ficción, hasta lugares recónditos del alma y de la propia existencia, pasado a su vez por todo un escaparate de historias reales, confesiones de almhoda, miradas profundas, que se entretejen y captan la atención de forma escalonada, atreviéndose descaradamente a escaparse por la punta de mis dedos, que agitados e incansables parecen tomar vida propia lejos de mis intenciones o deseos.
Me entrego a esa extraña libertad de pintar cuadros surrealistas o abstractos en los que dibujar en pulcros lienzos, escenas de sueños, esperanzas y deseos con mi humilde pluma, que me hace avanzar entre las dunas de este desierto incierto.
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Ruth Carlino
beduinos en el desierto (14)
A simple vista atrapó mi mirada, aquella mañana tras una cristalera, y tras unos nefastos intentos de acercamiento por mi parte, de los cuales aprendí que los parámatros que se consideran normales no sirven para miradas profundas, conseguí enfrentarme a su mirada. Me gusta esa sensación de entablar conversación con ojos silenciosos, los cuales, a veces llegan a hablarte más que la propia palabra. Aquellos ojos hablaban de una extraña independencia donde yo, esperaba encontrar todo lo contrario; esos ojos también me hablaron de decisiones autónomas que yo no creía importaran a nadie, pero que a mí llegaron a importarme; me hablaron también de dignidad, algo que yo creía perdida desde el momento en que la vi allí sentada. Pero quizás lo que más me impactó es que sus ojos me transmitieron libertad, una extraña libertad que se escapaba de mi corto entendimiento forjado a base de "normalidad". Todas las demás facciones de su rostro y de sus manos desnudas, dejaron de llamar mi atención, ya sólo podía fijar mi mirada en la de ella, y paradójicamente, la que sintió inferioridad ante aquella situación fui yo misma.
Sinceramente creo que la que ha salido ganando en el intercambio algo accidentado que hemos mantenido he sido yo, porque aunque ella no tenga nada material que ofrecerme, con su actitud me transmite lecciones que zarandean todas mis bases normalistas, que me confrontan conmigo misma, que me hacen replantear puntos de vista e incluso mis propios principios.
He de reconocer que me chantajea, pero es un chantaje consentido e incluso agradecido, billetes de tren a cambio de dejarme escudriñar su alma un ratito, sin ninguna conversación trascentende, incluso escasa porque yo no entiendo el búlgaro y ella habla poco español, pero sin duda merece la pena.
Se llama Nadeza y sigue sentada en una fachada cualquiera entre una joyería y una farmacia, -tierra de nadie- me dijo anteayer, porque el joyero no tuvo valor de echarla de su bonita fachada mediocre de joyería, y llamó a los municipales para que perpetraran tal acción; así que ahora se desplazó unos metros del portal en el linde entre la joyería y la farmacia, tierra de nadie.
No adjunto imagen alguna, porque Nadeza no me deja hacerle fotos y no quiero poner ningún otro rostro que no sea el suyo, porque aunque parezcan todos los rostros iguales entre los indigentes, ella tiene el suyo propio al igual que los demás.




